Esperando al mesías

(LUNES 27 DE SEPTIEMBRE, 2021-EL JORNAL). Cuando la travesía se complica en el desierto, una gota de agua se vuelve de vida o muerte. Cualquier oasis se sobredimensiona por la necesidades urgentes de sobrevivencia. Es lo que pasa con el tema, ya manido, de Mariano Torres y la posibilidad de su naturalización para que juegue con la Selección Nacional.

Nadie niega que Torres sea un buen jugador y que ayer consiguió un gol que por un instante convirtió el fútbol en arte puro. De ahí, a que sea el mesías que está esperando la Selección hay un abismo como del cielo a la tierra.

El único futbolista que fue capaz de sobreponerse a la calidad de sus propios compañeros y doblegar al rival, ante adversidades enormes, se llamó Diego Armando Maradona. Ni siquiera Pelé, Di Stéfano, Cruyff, Beckenbauer ni Messi han logrado esa proeza, por lo que pensar que Torres es el enviado celestial que tanto ha esperado la Tricolor es partir de un enfoque equívoco.

Una mala lectura de la realidad lleva consigo un tropiezo seguro. El mal de la Selección es más profundo. Lo que vimos en la cancha en los tres primeros encuentros de la eliminatoria rumbo a Catar 2022 solo fue el síntoma de un mal mayor.

Lo del equipo patrio no se arregla con Torres o con el mismísimo Joel Campbell. No, un equipo debe responder a un funcionamiento colectivo, a un plan de juego, a complicidades en la grama que permitan distraer y sorprender al rival, y aunado a ello hay que tener gol, producto, claro está, de un rendimiento forjado en muchas horas de trabajos repetitivos hasta dar con las teclas que se requieren.

Por ahora, la Selección de Luis Fernando Suárez no ha mostrado nada de eso. La gran cita será el 7 ante Honduras, el 10 frente a El Salvador y el 13 contra Estados Unidos. Hay nueve puntos en disputa, de la sumatoria de esos tres juegos, dependerá el futuro en el camino a Catar.

Por eso, insistir en que Mariano Torres sería el gran salvador, es ser poco serio, poco analítico, incluso acomodarse al discurso fácil que se repite como una mantra. A menor capacidad de análisis, peor interpretación de la realidad. Y ante ello, surgen las ilusiones vanas, las que se desvanecen como el rosal que hoy se alza imponente y que mañana amanece marchito y derrotado.

 

Periodista, escritor y comentarista. Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez

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