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Relojería suiza y espejimos del clásico

(LUNES 02 DE NOVIEMBRE, 2020-EL JORNAL). Saprissa es un equipo frágil con una defensa de cristal.  A partir de esta premisa se puede entender que el sábado anterior perdiera de una manera tan gris ante un Alajuelense al que le bastó con poco para doblegar al campeón.

El equipo morado reicinde en sus errores. La línea defensa sigue siendo tan inestable como el primer día en que Walter Centeno llegó al banquillo. Los constantes cambios y experimentos no han resuelto la falta de confianza en la zaga, que tiene un grave problema: por lo general llega a destiempo.

Desconoce la defensa– y me limito a hablar en este caso de la defensa porque frente a los manudos, no fue un problema de sistema defensivo, que es otro apartado—ese mecanismo de relojería suiza que por siglos ha gozado de una precisión estratosférica.

Es también un principio emanado de la naturaleza.  Un campesino me contaba con asombro cómo un día su compañera descubrió que el colibrí llegaba todos los días con una puntualidad inglesa a las cinco de la mañana a succionar la miel de sus flores en el jardín. El batir de alas era el aviso inequívo de que eran las 5 a.m. en punto. La precisión temporal la conoce la naturaleza desde tiempos inmemoriales, pero en Saprissa no se han enterado.

Falló en ese aspecto la defensa en el primer gol. Y se repitió en el segundo. El tercero es una acción en la que el zaguero entrega las llaves del reino sin que se la hubiesen pedido.

El Saprissa del sábado fue de nuevo errático y hay un gran responsable: Wálter Centeno. No basta, sin embargo, con que el entrenador diga que él carga con la responsabilidad, que es diferente a cargar con la culpabilidad, porque veo cómo a menudo el técnico y la prensa confunden ambos términos.

No basta con asumir esa responsabilidad porque esa frase no soluciona nada. En Saprissa los errores son cíclicos. Lo sorprendente es que en ese mar de incertidumbres haya sido campeón nacional en el torneo anterior.

El fútbol penaliza la mediocridad y en el clásico Saprissa lo fue, a pesar de haber tenido tramos, sobre todo en el primer tiempo, en el que fue mejor que Alajuelense, que no debe lanzar las campanas triunfalistas ni engañarse con que fueron los jóvenes los que obtuvieron esa victoria.

Ir por ese camino es vender una mentira barata, y veo que algunos ya la están ventilando en el entramado de Internet. En la era de las noticias falsas, fake news, dicen los millennials, este argumento para ilusos puede funcionar de maravilla, hasta que la burbuja del engaño estalle sin contemplaciones.

El clásico estuvo carente de relojería suiza y puede estar lleno de espejismos.

 

*Periodista, escritor y comentarista. Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez.

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