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La lección de Mourinho a Rónald González

(VIERNES 04 DE NOVIEMBRE, 2020-EL JORNAL). El carácter en el fútbol y en la vida. El carácter es una marca que se trae, que se hereda por esos misterios insondables de la existencia. No es un bien que se compre en el supermercado. No obstante, aunque no se puede modificar del todo, puede, con el tiempo, ajustarse y mejorarse.

El fútbol no es solo correr detrás de un balón. Eso es lo último que debe hacer un jugador. Antes hay que hacer todo un ejercicio mental. Visualizar jugadas. Soñar goles imposibles. Estudiar a fondo el rival para hallar sus debilidades. Aquí, en este apartado, justamente, entra la figura del entrenador.

Hace pocos días, el entrenador de la Selección Nacional, Rónald González, decía que si la eliminatoria fuera hoy, la Tricolor no estaba preparada para hacerle frente y dio a entender que México y Estados Unidos son adversarios infranqueables, es decir, que están muy por encima de la realidad actual del equipo costarricense.

González hizo una magnífica carrera como jugador, es una excelente persona y como técnico ha tenido sus altos y bajos, lo cual también es usual en cualquier técnico. El asunto se complica cuando analizamos el carácter del seleccionador, que tiene a ser muy conciliador, no solo con los suyos, sino también con el rival, tiende a concederle todas las medallas y en el fútbol, la vida y la guerra, hay que andar un paso adelante.

José Mourinho, considerado uno de los cinco mejores técnicos del mundo, después de dirigir varios entrenamientos del Tottenham Hotspur y algunos partidos de su nuevo equipo en la Premier League, llamó a sus futbolistas a la sala de conferencias y les dijo, como quien reparte chocolates: “Sois unos chicos muy buenos, sois, muy buenas personas, pero en el campo, en la cancha, necesito que se comporten como bastardos”.

Eso se traducía en que Mourihnho quería más intensidad en el juego, pelear arriba los balones, ir a ‘muerte’ por cada pelota dividida, soportar la presión del adversario y de su afición, en fin, convertir la gramilla en un perfecto ‘campo de guerra’.

Alguna vez pensé en que era necesario despojar al fútbol de su analogía con la retórica de la guerra. Me equivoqué por completo: es imposible.

Los jugadores son hoy  gladiadores romanos. Ningún equipo que quiera ser ganador sale a la cancha con un pliego diplomático bajo el brazo: salta con la idea de que se avecina una batalla y de que durante 90 y tantos minutos, la realidad queda suspendida, porque se tiene que pelear con el carisma, la entrega, la confianza, la contundencia con que los aqueos acudieron a Troya para pelear aquella gesta.

El fútbol es siempre una epopeya, por lo que aceptar diez meses antes de que empiece la contienda, como lo hizo el técnico Rónald González, respecto a México y Estados Unidos, de que estamos en inferioridad de condiciones, es tirar la toalla antes de que suene la campanilla para el combate.

Mal no le vendría a González rodearse de ‘guerreros’ para que le ayuden a planear las muchas batallas que vendrán en el espinoso camino a Catar 2022, en las que la Selección Nacional requiere un carácter de gesta, de lucha, para pelear por cada centímetro de la cancha y por cada balón dividido.

 

Periodista, escritor y comentarista. Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez.

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