El arbitraje sigue patas arriba

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MIÉRCOLES 21 DE SEPTIEMBRE, 2022-EL JORNAL). Ya lo dije en una columna anterior: ¿quién entiende el arbitraje de Costa Rica?

Bryan Ruiz, con la autoridad que lo asiste como jugador con amplia experiencia en el ámbito internacional, confesó hace unas semanas que el arbitraje que se practica en el país no exite en ningún otro lugar del mundo.

Ayer, en el juego Herediano-Puntarenas, arbitrado por Adrián Chinchilla, fue expulsado Jürgens Montenegro por el delito de haber anotado un gol con ingenio, al cabecear de espaldas a la portería de Bryan Segura.

En un fútbol en el que al primer reclamo, la roja. En un fútbol en el que celebrar se convierte en castigo, algo anda mal.

La que está fallando, más que los silbateros, es la Comisión de Arbitraje, que los carga con exceso de respondabilidades, cuando lo lógico es que se aplique el reglamento con inteligencia y oportunidad.

Para que un fútbol como el nuestro mejore, se necesita del concurso de los equipos, desde luego, pero también de un componente tan relevante como es el arbitraje.

Es cierto que son árbitros ‘amateurs’, porque necesitan de otro oficio para sobrevivir; no obstante, lo que hoy más los acorrala son esas exigencias al límite a la que los ha llevado la Comisión de Arbitraje.

Sentido común, señores, no se puede expulsar a un jugador que festeja al ponerse los índices en los oídos por un instante y luego se besa el escudo de su equipo. Anoche, Puntarenas se quedó con diez jugadores producto de la negligencia arbitral.

El arbitraje es un espejo roto que retrata lo rezagados que estamos en Tiquicia.

 Periodista, escritor y comentarista. Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez. Esta columna se publica a diario en FxD y en EL JORNAL

 

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