Una Selección sitiada

(MIÉRCOLES 06 DE OCTUBRE, 2021-EL JORNAL). La Selección está en una de sus peores encrucijadas. Es un rompe cabezas a medio armar. Así que los desajustes aquí, repercuten allá y poco a poco se ha ido instaurando el caos como modos vivendi.

La consecuencia es que ni alredor del equipo ni de la Federación hay un clima propicio para enfrentar la eliminatoria.

Pareciera que se llega tarde a todo. A la escogencia del técnico. A la resolución de la presencia de aficionados. Al manejo del comportamiento de los jugadores. Cada quien juega su propio partido, con lo que se contraviene la esencia del fútbol, que es un deporte colectivo.

El equipo costarricense está sitiado y en el horizonte no se vislumbra ningún líder capaz de trazar una estrategia que evite que caiga en el fango. Los más veteranos no han tenido una voz firme y preponderante. El entrenador Luis Fernando Suárez es un capitán de barco extraviado y transmite la sensación de que tarde o temprano se topará con ese iceberg inevitable, para repetir tristemente  la faena amarga y cruel que le dio fama al Titanic.

En medio de tantas contradicciones, no se vislumbra una salida feliz, como diría Valdeir Badú Viera, de este camino a Catar 2022, lleno de espinas y contratiempos.

La razones de este convulso ambiente tienen su asidero en el pobre manejo federativo. Rodolfo Villalobos y compañía, hace ratos, debieron haber renunciado, al ser incapaces de darse cuenta de que una Selección que triunfó en 2014 no podía hacerlo ocho años después, porque existe algo que la ciencia ha llamado biología, y se envejece mental y físicamente.

La Selección y el ente federativo son un pobre barco a la deriva hace ya más de tres años, por eso no se ve la forma en que se pueda producir el milagro de que el rumbo cambie, de que resurja una mentalidad ganadora, cuando se ha estado cultivando un modelo basado en el pasado y lleno de fisuras.

Ni Napoleón Bonaparte, general glorioso por atacar rápido y por sorpresa a sus adversarios, estaría en capacidad de salvar a esta Selección del abismo. Y menos Suárez, porque ya Suárez ni siquiera es Suárez: es una sombra de sí mismo.

Tenemos a una Selección sitiada de controversias y vacíos. No todos los caminos conducen a Roma, como dice la sabiduría popular, y menos a Catar.

Si se cumplen los pronósticos de octubre, debería de haber una renuncia en pleno en la Federación de Fútbol. Que todo empiece de cero, para que no se nos haga tarde para el Mundial de 2026, porque Catar hoy por hoy es solo una quimera.

 Periodista, escritor y comentarista. Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez

Esta columna se publica a diario en FxD y en EL JORNAL

Artículo anteriorLa Selección es un volcán
Artículo siguienteMientras la ruta Acosta-Parrita colapsaba en Caspirola, municipio hacía anuncio de ¢1100 millones para asfaltado