Triste, solitario y final

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(MARTES 15 DE JUNIO, 2021-EL JORNAL). “Triste, solitario y final”: es perfecto, verdad. Sí, lo es. Y es el título de una de las maravillosas novelas de Osvaldo Soriano, ese gran escritor que fue un gran cronista de fútbol y de boxeo.

Y el titular viene a la palestra porque es perfecto para la celebración del centenario de la creación del fútbol federado en Costa Rica.

Sí, “Triste, solitario y final”. Debiera ser el final de la actual dirigencia, que tiene en un limbo al fútbol de Costa Rica, que, como un barco a la deriva, no sabe a dónde va.

No bastan los videos de Gianni Infantino, ni ediciones especiales de las camisetas, etc., para maquillar una celebración que pocos aficionados respaldan.

Más que fachadas, lo que se requiere en el fútbol es organización, amplitud de miras, sueños grandes y personas idóneas en cada puesto para escalar esa larga montaña al profesionalismo, del que hoy nos separan cientos y cientos de kilómetros.

Y esa organización imprescindible no está demás adornarla con la mayor transparencia. La palabra en sí lo dice todo: transparentar, dejar pasar la luz, que se vea el horizonte al otro lado de la cortina.

Para empezar, por ejemplo, si el fútbol quiere mejorar en nuestro país, deberían decirnos qué van a hacer con el arbitraje, seguirán como empleados a distancia de la Federación, o esta asumirá las responsabilidades que les competen antes de que la Caja Costarricense de Seguro Social llame al orden. Este es un frente abierto de enorme importancia.

Como notas que se repiten en un bolero, las palabras de Soriano vuelven al ambiente una y otra vez, al ver el estado en que se encuentra nuestro fútbol, que tiró por la borda tres años de preparación de cara a las eliminatorias, y que tiene sus ligas menores sumidas en una incertidumbre; en fin, que decir “Triste, solitario y final”, a lo mejor, por el abismo en que está nuestro fútbol, sea decir poco, dada la coyuntura que enfrenta y el remezón que requiere.

Es el remezón de lo que pasó en la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) en 1971 y que le permitió a Costa Rica impulsar una revolución musical antes de que el propio José Antonio Abreu la desarrollara en Venezuela en 1977.

Ese capítulo de la OSN debieran explicárselo al país, para que al fin la dirigencia actual cumpla con su deber: irse en pleno de la Federación y despejar el camino.

“Triste, solitario y final”, para qué decir más.

 

Periodista, escritor y comentarista. Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez

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