Se llama temple

blank

(MIÉRCOLES 02 DE MARZO, 2022-EL JORNAL). Las definiciones de los diccionarios, incluidas las de la RAE, son un mapa de exploración, pero nunca alcanzan el corazón de las palabras, porque las palabras se forjan la vida en el combate diario, en la alfombra roja o en el fango, y de ahí salen a recorrer mundos, hasta que encuentren a alguien que las personifique y las dignifique.

Y es lo que sucede con la palabra temple, que muchas veces anda a solas por el mundo en busca de un refugio seguro y trascendente.

Y es lo que le falta desde hace 82 años al Cartaginés, desde la última vez que fue campeón y un tal José Rafael Fello Meza tuvo que salir a darle vuelta al marcador y poner las cosas en su lugar.

Ayer, cuando el equipo brumoso tenía la inmejorable posibilidad de llegar a 18 puntos, deja ir un partido en el cual un empate le supo amargo a su afición.

No le faltó puntería a Rónald Mauricio Montero, que es un buen jugador y ha defendido con hidalguía la camiseta blanquiazul, lo que le faltó fue temple.

Como decía Óscar Montero, exjugador de Liga Deportiva Alajuelense, desde que se paró frente al balón ya daba indicios de que lo iba a fallar. Esa gestualidad dejaba entrever dudas, falta de convicción, y eso tiene que ver con el temple.

Si Cartaginés quiere cortar ocho décadas de tropiezos tiene que sacar los partidos clave, y el de ayer era uno de ellos, era la posibilidad de que el equipo diera un golpe en la mesa. Cuando le toca hacerlo siempre algo pasa, una paloma que se para en la esquina sur del Fello Meza, un árbitro que ve falta donde jamás la hubo, un penal que se pita a pesar de que la jugada estaba tres metros fuera del área, en fin, que contra todos esos contratiempos tienen que aprender a bregar si quieren acabar con la automaldición impuesta.

En los momentos exigentes, en las jornadas grandes, es cuando tienen que aparecer los jugadores de experiencia, los líderes y las cartas bien jugadas desde el banquillo. Aunque se piense lo contrario, al título no se llega con medias tintas y con el “casi casi” tan corrosivo, sino que se arriba con la certeza de que para observar el horizonte en toda su amplitud, se requiere casta: casta de campeón.

Periodista, escritor y comentarista. Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez. Esta columna se publica a diario en FxD y en EL JORNAL

Artículo anteriorFIFA escucha el clamor
Artículo siguienteLa retórica de Jafet

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí