Los dineros del fútbol

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(MARTES 22 DE MARZO, 2022-EL JORNAL). ¿De dónde vienen los capitales que invierten en el fútbol costarricense? ¿Lo tenemos claro? ¿Por qué invertir en una actividad cuyo retorno del capital puede ser lento y en muchos casos imposible de recuperar? ¿Además de la imagen que genera el fútbol, es realmente una actividad lucrativa o detrás de ella se esconden intereses oscuros para legitimar acciones?

Hay muchas preguntas sin responder en el fútbol costarricense, en el que en realidad no hay una transparencia de dónde vienen y quiénes son los que invierten.

Ya en el pasado hemos tenido experiencias que invitan a un reflexión profunda, pero esta al fin no llega y cada vez que aparece un inversionista todo el mundo se frota las manos y cruza los dedos de que esta vez sí se hará el milagro de una operación acorde con las necesidades del equipo elegido.

Un ejemplo triste y desolador es el de Limón, que tras pasar por manos colombianas, limonenses y de costarricenses fuera de la provincia va camino hacia la desaparición.

No estoy encontra, en absoluto, de que vengan capitales frescos y sanos al fútbol nacional, pero debería establecerse un marco regulatorio que exija cuentas claras y que establezca responsabilidades, porque hemos visto cómo en cualquier momento el inversor cambia de estado de ánimo, recoge sus banderas y se olvida del proyecto.

Tanto la Federación de Fútbol como la Unafut, junto con una clara voluntad de los equipos profesionales, deben apostar por la transparencia para saber a ciencia cierta de dónde viene el dinero, por qué viene, qué persigue y así saber en definitiva si estamos en presencia de un proyecto serio o uno de transición con objetivos poco nobles.

Es un tema áspero, lo sé, pero ya es hora de que el fútbol costarricense trabaje con cimientos sólidos y deje de abrir la puerta a cualquiera que pasa con una bolsa cargada de dólares, porque seguir por la vía actual es vivir de peligrosos espejismos.

Periodista, escritor y comentarista. Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez. Esta columna se publica a diario en FxD y en EL JORNAL

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