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La reacción alérgica a la Superliga

 (JUEVES 22 DE ABRIL, 2021-EL JORNAL). La reacción a la Superliga ha sido alérgica en todo Europa, como si los europeos quisieran volver a las cabernas y oponerse así a la marcha de la historia.

Negar la Superliga es como negar la teoría de la relatividad de Albert Einstein o como si los descubridores de la rueda se hubieran opuesto a ella porque cambiaba para siempre el movimiento del mundo.

Los grandes contratos del fútbol los general los equipos grandes. Si en la negociación aparecen Real Madrid y Barcelona el oído del que escucha se agudiza. Si se dice, por ejemplo, Elche, que es un grandísimo club por su arraigo social, pero no por su masa de seguidores, la situación cambia y las expectativas bajan.

Es lo mismo que pasa si en Costa Rica se pronuncian los nombres de Saprissa y Alajuelense, en ese orden, , ya ello establece un derrotero, porque el equipo morado en cuanto a marca y alcance es el más importante de Centroamérica.

Entonces, no hay que andar con cuentos chinos: la Superliga es una necesidad porque los grandes clubes, que no están respaldados por Estados como el PSG o el Manchester City, necesitan nuevos ingresos para sobrevivir y proyectarse.

Hay datos que lo explican mejor: El Wolverhampton ingresó por derechos televisivos 140 millones de euros en 2020, el Real Madrid, que es 100 veces más relevante que el equipo británico, tan solo 156,2 millones.

Los equipos pequeños sobreviven si los grandes están bien. En Costa Rica, por ejemplo, si Saprissa y Alajuelense están arriba, convocan a los aficionados, ya sea en casa o de visita y ello repercute favorablemente en todo el entorno.

Es lo que pretende hacer la Superliga.  Lo extraño en toda regla es que salgan algunos a defender el “fútbol pequeño” con argumentos propios de la Edad Media.

Pobre Florentino, paga el precio de ir 30 años adelante que el resto de la dirigencia europea.

 

Periodista, escritor y comentarista. Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez.

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