La cultura del trapecista

blank

(MARTES 01 DE FEBRERO, 2022-EL JORNAL). La Selección Nacional, a cuatro fechas para que cierre la eliminatoria rumbo a Catar 2022, todavía tiene posibilidades de ir al Mundial, en un reflejo de la cultura de trapecistas que caracteriza al ser costarricense.

No es solo una visión del fútbol en particular. Es el pan nuestro de cada día. En los diferentes ámbitos: familiares y profesionales, los costarricenses nos caracterizamos por dejar todo a última hora. Para el examen se estudia un día antes. Para renovar la póliza lo hacemos el último día. Pareciera que nos gusta esa improvisación propia de las culturas latinas en contraposición con las anglosajonas o las orientales.

Yokoi Kenji, un conferencista japonés-colombiano sostiene que si usted tiene una cita con un japonés un mes antes y ese japonés determinó que se va a atrasar cinco minutos ese día, el japonés te llama para avisarte al menos con 15 días de antelación.

Un latino, para no decir un costarricense, tiene una reunión con alguien a las 5 p.m. y cinco minutos antes del encuentro llama para cancelarlo.

Esa misma cultura del trapecista, que se juega la vida en cada número arriba en las barras, es la que ha guiado en esta eliminatoria a la Selección Nacional. Se ha ido a troches y moches, primero con Gustavo Matosas, luego con Rónald González, más víctima que responsable y ahora con Luis Fernando Suárez, quien ha necesitado de una ‘master class’ de seis meses para empezar a conocer a los futbolistas que ha tenido a su cargo.

Y así, se dejaron puntos de oro en el comienzo de la eliminatoria, como la derrota ante México en el Nacional y el empate frente a Jamaica: esos cuatro puntos hoy sería oro puro y tendrían a la Tricolor metida de lleno por un cupo directo.

La verdad, sin embargo, es que ha faltado fútbol. Costa Rica al día de hoy no es una Selección capaz de tomar la iniciativa y mantenarla durante 90 minutos.

El ejercicio de trapecistas que ha marcado el camino rumbo a Catar podría pasar la factura, si al final no se alcanza siquiera el repechaje. La moraleja es que si no cambiamos a un sistema de mayor seried y planificacón, seguiremos aferrados al milagro como el pan nuestro de cada día.

 Periodista, escritor y comentarista. Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez. Esta columna se publica a diario en FxD y en EL JORNAL

 

Artículo anteriorMentira
Artículo siguienteFigueres se compromete a mantener al CNP

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí