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Fútbol putrefacto

(MARTES 07 DE JULIO, 2026-EL JORNAL). Si yo fuera futbolista y viera que mis rivales, hagan lo que hagan, al final van a perder, me daría vergüenza, mucha vergüenza, porque me pondría en un dilema: ganar en buena lid, o a toda costa.

Y  me preguntaría si es lícito ganar con la ayuda del BVAR, sí, con B y V, porque ya no sabemos cuál de los dos predomina, dado que están embriagados de poder en beneficio de unos cuantos.

Si yo fuera futbolista, aunque me dijera que soy el mejor del mundo, el mejor de todos los tiempos añaden otros, y veo que mi equipo no corre igual que el oponente, y que le anulan un gol bello, bellísimo, que es esencia del fútbol, ahora sí, de todos los tiempos, quizá me daría un poco de rubor, porque luego ir por ahí pregonando lo contrario y lo bueno que soy en nombre de un partido adulterado, no sé, prefiero perder, pero acorde con los reglamentos.

Ganar por ganar, con el auxilio de los dioses del BVAR me olería a un tufillo nauseabundo, como pareciera que es hoy la FIFA al completo. Me diría, aunque sea en silencio, esto huele mal, cómo se anula la belleza y la esencia en un deporte que produce millones gracias al arte que es capaz de generar.

Y si yo fuera futbolista profesional, me daría pena el adversario, que se preparó, que corrió como nunca, que jugó tan bien como para merecer el respeto de los señores de negro y los del VBAR, sí, reitero, con esta doble connotación, porque ya no sé si se escribe con V o con B.

Si yo fuera futbolista, o periodista, o escritor o recolector de basura en mi barrio, me gustaría ir siempre por la acera con la frente en alto, a sabiendas, como me decía mi entonces profesor de zootecnia, Óscar Montero Pérez, que si las cosas se hacen bien, queda la satisfacción de la altura ética, de la grandeza humana en los pequeños detalles.

Por eso, hoy ha quedado claro, que contra este fútbol putrefacto no pueden ni los dioses egipcios. A estos nuevos dioses, o reyes, como alguno de ellos se autoproclamó, les basta con bajar el pulgar para decidir el destino de un partido, como si fuera el circo romano.

Este fútbol es más artificial que la IA. Y huele mal. Huele a la falsedad. A remontada milagrosa disfrazada de una injusticia con un árbitro francés que, como el resto de sus colegas en este Mundial, son pobres diablos, marionetas de colores que venden su alma por una gloria pasajera.

Esto, señores y señoras,  ya no es fútbol. Es una brújula torcida para seguir alimentando ídolos de barro, a quienes millones llaman héroes, mientras del subsuelo emerge un hedor nauseabundo insoportable e inadmisible.

Por eso, mañana miércoles, les prometo que hablaré de Hemingway, García Márquez, Alessandro Baricco, Harold Bloom o Henry James. Ya veremos, pero de ninguna manera, de fútbol.

 

*El autor es redactor de Cultura del Semanario Universidad, Máster en Literatura y Comentarista de Fox Costa Rica. Sígame en: https://www.youtube.com/@MORITAFUTBOL

 

 

 

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