(JUEVES 29 DE ABRIL, 2021-EL JORNAL). José de la Paz Herrera, conocido como Chelato Uclés, será inolvidable para el fútbol hondureño y centroamericano, por su carisma, por sus logros y sobre todo por haber llevado a Honduras a su primer Mundial: el de España 1982.

Honduras no solo asistió al torneo, sino que lo hizo con una altísima dignidad. El debut, el 16 de junio, fue contra la selección anfitriona que tuvo que sudar de más para igualar a  uno, con un penal que hasta el día de hoy despierta numerosas dudas. El 21 de ese mismo junio, los catrachos empataron a uno contra Irlanda del Norte, que en ese entonces presentaba al jugador más joven en un Mundial: Norman Whitside.

Y ya en el cierre, los dirigidos por Chelato, quien falleció este miércoles 28 de abril,  cayeron 1 a 0 ante Yugoslavia, que históricamente había tenido grandes equipos.

José de la Paz Herrera era un director técnico culto, buen conversador y que había asumido su trabajo como entrenador como si fuera un apostolado. Fue muy querido en Honduras y en el resto del área.

Dirigió en Costa Rica con al Cartaginés en la temporada 90-91, la cual fue declarada desierta tras la gesta mundialista en Italia.

Chelato fue un hombre que iba más allá del fútbol y tuvo sus inquietudes políticas con el afán de ayudar a los más necesitados de su país. Ello lo llevó a obtener una diputación en 2005, sin haber hecho una gran campaña, lo que significa que el pueblo le guardaba cariño y respeto.

Hombre de fútbol por donde se mire. La visión y ambición que le dio al balompié hondureño traspasó las barreras e impregnó a toda Centroamérica. Ocho años después de que Honduras vivió su primer Mundial, en el que pudo jugar Carlos Solano — delantero costarricense del Saprissa y del Cartaginés, que en ese entonces jugaba en Honduras–, Costa Rica emprendía vuelo hacia Italia 90. Aquellas ilusiones que los catrachos y Chelato despertaron en su momento, sirvieron de inspiración para los ticos.

 

Periodista, escritor y comentarista. Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez.

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