El espíritu madridista del Cartaginés

blank

(VIERNES 01 DE JULIO, 2022-EL JORNAL). En el juego Real Madrid-Manchester City, cuando se jugaba el minuto 88, hay una imagen extraordinaria: Nacho Fernández, el todólogo del equipo blanco, le dice con palabras y gestos a Karim Benzema: “Hay que confiar hasta el final, hasta el final”. En ese contexto, con el City camino a la final de la Champions, las palabras de Nacho parecían estériles e innecesarias, porque se venía la noche más oscura y dura en el Santiago Bernabéu. Dos minutos más tarde, Nacho le sirve un pase raso a Kamavinga, y este conecta con Benzema, quien asiste a Rodrygo para gestar la remontada más inverosímil de todos los tiempos.

Cartaginés pareciera que ayer, en el Morera Soto, hiciera suya las palabras de Nacho: ¡Hasta el final! Y cuando cayó el gol de Carlos Mora, parecía que, una vez más, el equipo brumoso quedaría en la orilla, viendo cómo el adversario zarpaba allende las aguas a celebrar su victoria, pero este grupo, a partir de la llegada de Mauricio Wright, las cosas como son, asumió un nuevo carácter, el de confiar, luchar, y responder a guion fríamente plasmado en la cancha.

He oído comentarios de que la Liga jugó mal y de que Cartaginés no jugada a nada: ERROR. Sí, con mayúscula, para que la grafía nos ayude a ir a misa.

Alajuelense no brilló porque la estrategia de los blanquiazules estaba diseñada para maniatar a Aaron Suárez, a Freddy Góndola, a Carlos Mora y Johan Venegas, y en términos muy amplios lo consiguió.

Si Cartaginés, valiente, osado y atrevido, hubiera ido a jugar con mayor apertura, hubiese salido del Morera Soto con cuatro o cinco goles. Los rojinegros, individualmente, son mejores en casi todas las líneas que su rival.

Cartaginés, en cambio, como equipo, es más solidario que Alajuelense, y esa labor grupal, con obreros de 12 horas por jornada– ahora que los empresarios y el visionario Presidente que tenemos quieren destruir una conquista lograda en 1943—como Víctor Murillo, Jeikel Venegas, Daniel Chacón, Carlos Barahona y Diego Sánchez, le permitió luchar hasta el final, a sabiendas de que iba a quedar una opción para igualar o ponerse al frente en el marcador.

Mientras veía el partido, a poco de que terminara el juego, pensé, es hora de que el Cartaginés haga uso del espíritu madridista y ponga contra las cuerdas el Morera Soto. Si lo hace, aquí hay algo que todavía no hemos visto ni escudriñado. Y lo hizo. Y está en la gran final.

Sí, eso es, como arengaba Nacho: “Hay que confiar HASTA EL FINAL. Y como se decía en los años anteriores a Internet: Esta historia continuará.

Periodista, escritor y comentarista. Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez. Esta columna se publica a diario en FxD y en EL JORNAL

Artículo anteriorRudé lleva razón
Artículo siguienteSe tambalea el mito de la maldición

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí