Cartaginés debe vencerse así mismo para ser campeón

(SÁBADO 25 DE JUNIO -2022- EL JORNAL). La serie final de la segunda fase entre Cartaginés y Alajuelense es un reto para los brumosos que va más allá de vencer a los manudos, porque implica quitarse de encima los mitos, los prejuicios, las sombras y las limitaciones que por casi un siglo han tenido al equipo blanquiazul sin poder accer al podio como lo demanda su historia.

No es, por lo tanto, el hecho de superar a los rojinegros, sino de ir al psicoanalista y tumbarse en el viejo sofá del tiempo, contarle a aquel todas sus frustraciones, las falsas lecturas, las interpretaciones erróneas y el haber cargado con fantasmas que invocan a una maldición que jamás ha existido en la realidad, pero sí en el imaginario colectivo de un club y de una provincia que frente a tales desafíos se ha achicado y se ha sentido inferior en los momentos grandes.

Hoy, Cartaginés tiene el equipo y la ambición para dar ese paso, que, insisto, debe visualizarse más allá de derrotar a los manudos, pero primero debe ser un triunfo interno, vencerse así mismo y de sentirse en la capacidad de que sin importar el adversario, términos como final y ser campeón son perfectamente compatibles con lo que representa el equipo fundado por William Henry Pirie, el 1 de julio de 1906.

Mientras en Cartago, la provincia y el equipo, no entiendan que han estado subyugados por una imagen irreal, que ha sido alimentada por las falsas creencias, los esoterismos futbolísticos y las circunstancias puntuales que evitaron que el equipo saliera campeón cuando estuvo tan cerca en 1969, 1978, 1979, 1987, 1993 y 2013, para citar solo algunas fechas, nunca darán ese paso adelante.

Ya hay sin embargo, un antedecente que no se ha sabido ponderar, y es el título de la Concacaf en 1995. Ahí se rompió de manera extraordinaria esa maldición de la que habla la mitología futbolística nacional; no obstante, los brumosos permitieron que en la valoración de ese título permeara una sombra, que levantaba la bandera de que no es un galardón tan importante.

Esa águila blanca, con sus garras, con su lucha, con su simbología trascendental que está en las vitrinas del club,  es la que ahora debería invocar el binomio volcánico entre Geiner Segura y Mauricio Wrigth para convocar a la afición y al equipo a una gesta en cuatro aptos, que culmine y destierre de una vez y para siempre el dácalogo de imposibles que sobrevuela al equipo y a la provincia desde hace 82 años.

Nada es para siempre, como diría el tango, a propósito de que hoy es 24 de junio, fecha infausta en que murió el gran Carlos Gardel, y ese es el lenguaje que Cartaginés debería desterrar en sus visitas al desván y realizar la proeza de volver a ser campeón.

Periodista, escritor y comentarista. Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez. Esta columna se publica a diario en FxD y en EL JORNAL

 

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