Capitán Modrić

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(JUEVES 10 DE MARZO, 2022-EL JORNAL). Luka Modrić fue y ‘encaró’ uno a uno a sus compañeros del Real Madrid para agradecerles la gesta extraordinaria realizada minutos antes sobre el verde del Santiago Bernabéu.

No portaba la banda de capitán, que muy bien llevaba Karim Benzema, pero como gran líder, Modrić necesitaba resaltar la épica con un abrazo, una palmadita en el hombro,  o como en el caso de Vinicius, con un manotazo en la espalda, como se aprecia en el video publicado por el Real Madrid, en un afán de traer a tierra a sus escuderos y gladiadores.

Lo que hizo el Real Madrid debe extrapolarse a otros ámbitos de la vida: institucionales y personales. No hay que quedarse con solo el partido de fútbol, porque eso sería superficial y vano.

No, hoy las grandes gestas no son en las guerras –excepto por ese troglodita ruso que así lo piensa—sino en los simbólicos campos del deporte, donde los cálculos, los parámetros y las muchas mediciones existentes, todavía dan paso al corazón, al alma, a esa conexión que puede darse en la grada de una multitud que cree que es posible cambiar el curso de los acontecimientos.

Y Modrić, que había sido el gestor intelectual de la remontada, quería ratificarle a sus compañeros que esto del fútbol, por muchas estrellas que haya en la gramilla, responde a un trabajo en equipo.

La cobertura milagrosa de Alaba; la picardía imparable de Vinicius; la frialdad de Rodrygo, pese a su juventud, y la grandeza de Benzema, capaz de anotar y enmendar el error de su siempre cumplidor Curtois, que ayer, sin embargo, había abierto una ventana enorme por donde le colocó la pelota un Mbappé pletórico, pero que se observó solo y con un equipo al que le temblaron las piernas tras el 1 a 1.

La noche del Bernabéu es para recordar que cada uno de nosotros puede aspirar a esa remontada personal: terminar esa carrera inconclusa; aprender ese idioma tan añorado; aprender a escribir al menos con corrección; publicar la novela que tantas noches imaginó; cumplir con el plan de ejercios ideado al inicio del año y que nunca se cumple, en fin, constatar que siempre es posible ponerse por encima de las circunstancias.

Ya es hora, sí, de darle vuelta a la famosa frase de José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia”. Somos más que eso.

Y el Real Madrid ayer, 9 de marzo, demostró a propios y extraños que esas noches del Bernabéu son de otro mundo, como resaltó el diario As, y que en el fútbol juegan, claro está, los sistemas y las tácticas, pero que también son determinantes la garra, la mística, la entrega y el corazón.

Y si tienen dudas repasen, por favor, esa pelota en la que el Capitán Modrić va al forcejeo con Lionel Messi, por cierto, desaparecido del Santiago Bernabéu.

Para contar la gesta del Real Madrid ante el PSG no bastan todos los adjetivos que en el mundo han sido, como diría don Quijote de la Mancha a su inestimable y fiel escudero.

Periodista, escritor y comentarista. Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez. Esta columna se publica a diario en FxD y en EL JORNAL

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