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El futbol y sus nombres

Pablo Salazar*

(EL JORNAL | San José, Costa Rica | 14 de octubre de 2026). La década de los setenta del siglo pasado fue la de mi segunda infancia. Por ese entonces —en verdad, nunca—, en mi casa el futbol fue cosa que importara.  Pero eso no significaba que yo no supiera quién era Javier «Zurdo» Jiménez, Asdrúbal «Yuba» Paniagua, Juan José «Hormiguita» Gámez… Y así, naturalmente, otros más, no menos importantes.

Con nuestro alicaído futbol de siempre (ha habido tiempos en que no ha estado mal, pero ha sido cuestión de meses y pronto todo vuelve a donde, en verdad, está), no simpatizo con ningún equipo. Sin embargo, durante gran parte de aquella infancia fui saprissista. Y esa inclinación nació de una imagen.

Veía un partido en que la Liga Deportiva Alajuelense jugaba contra el Deportivo Saprissa. El portero de «La Liga» era Roberto Tyrrel. Panameño, negro y extraordinario «cancerbero». El centro delantero saprissista era Odir Jacques Ferreira. Brasileño, blanco y talentosísimo regateador.

En algún momento Odir quedó de frente, solo, ante el área rival. Avanzaba a una velocidad loca. Para toparlo, fuera de su área, Tyrrel salió con la misma prontitud que el otro venía.

Por aquel tiempo el sistema de tarjetas rojas y amarillas apenas iniciaba y todavía no estaba muy claro cuándo y por qué se imponían. Quiero decir que si un portero cogía la bola con la mano fuera del área no pasaba nada más que la realización del tiro libre o indirecto. Ocurría lo mismo si se detenía, mediante «faul», al atacante.

Volvamos con el panameño y el brasileño, que los habíamos dejado inmóviles.

Decía, Jacques avanzaba y Tyrrel se tira —fuera del área— por dónde viene la bola, con el fin de tocarla y que se pite el «jan» (mano). Odir se da cuenta y, en media carrera, prensa la bola con los dos pies y, con un golpe de talón, la pasa por encima de sí mismo y, naturalmente, de Roberto, que está en el suelo. El panameño ve frustrado su deseo de cometer esa falta y opta por otra: intenta agarrar los pies del atacante y que se sancione —nuevamente: fuera del área— la acción antirreglamentaria. El centro delantero se da cuenta y quita, en el aire, los pies de las manos del alajuelense.

¿Qué tengo ante los ojos? Tengo una vertical que me muestra un portero en el suelo, que trata de agarrar los pies del atacante; este en el aire, mirando hacia abajo para ver por dónde viene el intento de agarre y, encima de ambos, la bola…

¿Después qué pasó? Pasó que Jacques le pasó por encima a Tyrrel y avanzó. El negro, felino, se puso de pie y trató de alcanzar al saprissista. Pero no. Ya era tarde. Odir, con presteza y sin nervios, tiró a marco. Gol de Saprissa… ¿Quién no se iba «a hacer» saprissista ante semejante jugada?… Agrego, ¿quién no hubiera optado por «hacerse manudo» ante el esfuerzo del panameño? En fin: «cosas del futbol».

Ahora, quizá no fue así, pero así recuerdo la jugada. Y así me gusta contarla.

*Escritor, abogado y lexicógrafo.

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