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El informe PISA y mi profesor de zootecnia

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(SAN JOSÉ, COSTA RICA, 08 DE DICIEMBRE-2016-EL JORNAL). El reciente informe PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes) revela que Costa Rica en vez de avanzar retrocedió en ciencias, matemáticas y lectura,  y ante ello la Ministra de Educación, Sonia Marta Mora, asegura que en 2021 veremos mejorías, en una suerte de clarividencia infundada que hace prever que el futuro no es halagador para la educación costarricense.

Los países que han mejorado como Portugal y los que se han mantenido arriba, como Singapur, basan sus sistemas en diversos elementos, pero el que les es común es la calidad de sus educadores.

Y es entonces cuando aparece mi profesor de zootecnia en el Colegio Técnico Agropecuario de Acosta donde hice la secundaria. Se llamaba (aún vive) Óscar Montero Pérez y antes de referirme a sus calidades como educador debo aclarar que era un excelente futbolista, uno de los más elegantes que he visto en mi vida, no en vano sustituyó en Liga Deportiva Alajuelense a Juan José Gámez, la hormiguita manuda. En la Liga jugó como tres temporadas en Primera División y optó por el retiro anticipado del fútbol profesional para seguir la carrera de zootecnia.

Sus clases de zootecnia son las mejores clases de filosofía que jamás he llevado, incluido mi paso por la Universidad de Costa Rica (UCR). La primera enseñanza, con la que aún estoy en deuda con frecuencia, fue la puntualidad. En sus clases había que estar con la puntualidad de un reloj suizo, o de lo contrario se corría el riesgo de quedarse uno afuera.

Entre informes equinos, bovinos y caprinos, Óscar Montero nos iba dando a conocer los alcances de la ética, a tal punto que una de sus frases siempre la recuerdo como si fuera ayer: “un hombre debe andar siempre con la frente en alto”. La frase, ya de por sí, era todo un tratado de filosofía y ética avanzadas.

En vez de recordar las bondades de la cría de conejos, que técnicamente se llama “cunicultura”, rememoro con nostalgia las palabras del admirado profesor: “no sean hombres masa”. Claro, para entonces, yo no sospechaba que por el mundo andaba un pensador llamado José Ortega y Gasset, quien ya había abordado el tema con amplitud y profundidad.

Y gracias a su sabiduría, el profesor en mención no nos habló nunca, que yo recuerde, de la cunicultura, sino de la cría de conejos, a pesar de que siempre nos inculcaba la necesidad de ir a consultar al mataburros, una de sus palabras favoritas, para hacernos entender que leer implicaba un bien mayor llamado comprender.

Sus clases, a pesar de que debían de hablar de los otros animales, no del animal político que somos, se centraban siempre en el ser humano. “Sean hombres de bien”, nos decía.

Y finalmente, para cerrar el capítulo de influencias, una vez me preguntó, cuando me preparaba en los cursos introductorios para entrar a la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la UCR, que qué iba a estudiar y que cómo me iba: –voy a ver si entro a periodismo, le dije. –¿Cómo?—Voy a ver si entro a periodismo, le dije con todas las dudas del mundo a mi lado. Me miró fijamente y con una voz que arrastraba un aire de decepción por mi respuesta, me replicó: “voy a entrar a periodismo”. Ese día, espiritualmente hablando, entré entre los 40 elegidos de los 400 aspirantes a la carrera de comunicación y periodismo.

La historia viene a cuento porque si la Ministra Sonia Marta Mora quisiera de verdad mejorar la educación en Costa Rica, debiera darse la vuelta por Alajuela y tomarse un café con mi profesor de zootecnia Óscar Montero, quien nos enseñó el amor por el estudio, por el bien, y la ética, y nos indujo a descubrir la diferencia entre aprender para el examen de la tarde, y comprender para la vida.

 

*José Eduardo Mora es Máster en Literatura y director de EL JORNAL.

 

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