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“Se escribe mal por una inadecuada formación en primaria y secundaria”

Álex Grijelmo sostiene que la relación con el idioma debe comenzar en la infancia.

Dada la actualidad, recuperamos esta entrevista con el escritor y periodista español Álex Grijelmo

(SAN JOSÉ, COSTA RICA, 22 DE JULIO, 2018-EL JORNAL SEMANAL). Álex Grijelmo (Burgos, 1956) sería capaz de ir al confín del mundo para rastrear el origen de una palabra y conocer así sus genes y el aroma en que se engendró.

Por esto, cada vez que, en España, un político nombra a un alumno “unidad de módulo educacional” o se refiere a un paciente como “unidad elemental de atención sanitaria”, sabe que su lucha por defender el idioma es una batalla sin par.

Grijelmo es autor del Libro de estilo de El País; de Defensa apasionada del idioma español; El genio del idioma, La gramática descomplicada; El estilo del periodista y miembro de la Academia Colombiana de la Lengua.

En esta entrevista, el escritor y periodista aborda una serie de aspectos relevantes para el idioma.

En Defensa apasionada del idioma español, usted se queja de que no ha podido leer un “cartel, aviso, indicador, comunicado o periódico con la más sencilla corrección ortográfica”. ¿Ha cambiado ese panorama?

–Lo que he leído últimamente son mensajes publicitarios que llegan a mi teléfono celular y que tienen una ortografía y una sintaxis deplorables. No pienso contratarles nada porque nunca me fiaré de una compañía que se comunica tan mal.

¿Por qué se escribe tan mal?

–Se debe a una inadecuada formación en la enseñanza primaria y secundaria, y eso sucede más en España que en América.

Desde hace años, los periódicos tienden a prescindir de los filólogos.

–Supongo que se debe a la economía de costes; pero, en cualquier caso, los periodistas deberían escribir bien sin necesidad de que alguien les corrija la ortografía.

Abogados, periodistas, articulistas y escritores incluso hacen gala de un mal uso del lenguaje. ¿En qué etapa empieza a gestarse el gran problema con el idioma?

–La relación con el idioma empieza en la infancia. Entonces se puede hacer mucho para que el niño se familiarice con las palabras y con la capacidad que tienen para construir historias. Un niño al que se le leen cuentos y al que se anima a leerlos será ya una persona diferente, con capacidad para la abstracción y para el dominio de las exposiciones ordenadas, con capacidad para comprender mejor la realidad y para convencer a los demás.

¿Cómo surge en usted el amor por el lenguaje?

–Por el amor a mi profesión. El periodismo se basa en la palabra, y la pasión por el periodismo me llevó a la pasión por la palabra. Incluso las imágenes necesitan palabras, y nadie abre un vídeo en Internet si no sabe previamente de qué trata. Lo primero es la palabra.

¿Cómo mejorar el idioma desde los órganos de prensa?

–Hace falta que los propietarios sientan esa necesidad. No hay nada que hacer si el dueño de un medio no considera que la calidad en la escritura forma parte del rigor y el crédito de un medio de comunicación. Los propietarios deben entender que escribir bien beneficia a su negocio.

Existe una tendencia al uso de anglicismos, y parece que Internet lo promueve.

–El uso de anglicismos es un termómetro que nos marca nuestro complejo de inferioridad cultural. El día en que nos sintamos más fuertes en nuestra identidad y compitamos de igual a igual con el mundo anglosajón, usaremos menos anglicismos.

En el terreno económico y técnico sufrimos una dependencia del mundo anglosajón, pero no en el cultural. Conforme seamos conscientes de esto último, daremos más valor a nuestra lengua. Los anglicismos no son un problema: son el reflejo de un problema.

¿Quiénes tratan peor el idioma: abogados, periodistas, políticos o economistas?

–Los periodistas porque aceptan las jergas extrañas de todos los demás.

¿Cuál es su posición respecto al lenguaje “inclusivo”?

–El lenguaje no es la realidad, sino una representación de la realidad, como escribió el filósofo español José Antonio Marina. Si actuamos sobre la representación de la realidad, no conseguiremos gran cosa. No se debe actuar sobre el espejo, sino sobre lo que se mira en él.

La realidad cambia sin que cambien las palabras que la representan, así que el problema no está en las palabras. Ahora llamamos ‘llave’ a una tarjeta que nos dan en el hotel. Ha cambiado la realidad porque manejamos una tarjeta de plástico, pero no ha cambiado la palabra que la representa.

Así, hasta hace poco, la expresión ‘seis policías detuvieron a los atracadores’ solo habría representado a seis policías hombres; pero hoy puede alterar su significado porque ya se ha alterado la realidad. En el futuro, ‘seis policías’ nos harán imaginar tanto a hombres como a mujeres.

Por eso no estoy de acuerdo con quienes insisten tanto en cambiar las palabras. Yo prefiero cambiar la realidad porque, una vez que se cambie la realidad, las palabras se acomodarán a ella’.

Comparto las intenciones del movimiento feminista, aunque mantenga desacuerdos sobre algunas cuestiones. Son desacuerdos meramente lingüísticos: tal vez equivocados, pero lingüísticos.

Por otro lado, la duplicación ‘ciudadanos y ciudadanas’ es insostenible más allá de una frase. Ningún profesor diría ‘los niños y las niñas que sean buenos y buenas serán aprobados y aprobadas’.

Usted sostiene que el idioma se rige por el uso del pueblo. En ese sentido, ¿cómo califica la función de la Real Academia Española?

–La Academia observa lo que hace el pueblo para adoptarlo como norma. Sin embargo, debería poner más el acento en lo que hace el pueblo y algo menos en lo que hacen los periodistas. Los periodistas hemos inventado un dialecto propio que no es el del pueblo. Bien lo decía ya Fernando Lázaro Carreter, el anterior director de la Academia.

¿Es optimista con respecto al futuro del castellano?

–No me preocupa el futuro; lo que me preocupa es el presente y ese complejo de inferioridad ante el inglés. Si uno se siente superior a otro, no por eso es realmente superior; pero, si uno se siente inferior a otro, es realmente inferior desde ese mismo momento. En el futuro se arreglará esto, pero ahora es lo que tenemos.

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