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La lección de Chicharito

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Chicharito fue ayer una explosión desde el principio. Tenía sed. Tenía hambre del potrero. Tenía esa hambre joven de la que hablaba Menotti.

 

                             ENTRE PARÉNTESIS

JoséEdo-machote1

(SAN JOSÉ, COSTA RICA, 23 DE ABRIL, 2015-EL JORNAL). Un gran escritor aconsejaba que hay situaciones y vivencias tan inverosímiles que no conviene contarlas, porque nadie las va a creer, es decir, porque son mala literatura.

Ayer me pasé todo el partido imaginando, pensando, visualizando, cómo Javier Chicharito Hernández  se convertía en el héroe del Real Madrid y al final mis intuiciones se hicieron realidad al minuto 88, cuando el mexicano puso a celebrar a todo el Santiago Bernabéu.

¿Por qué ese pensamiento me sucedió una y otra vez? Quizá sea porque como humanos tenemos esa propensión a solidarizarnos con el más débil y Chicharito fue duramente criticado cuando llegó al Madrid, y luego relegado a la banca ante la presencia de jugadores como Benzemá y Bale, aunque este último es mucho nombre, mucho dinero en su contratación, pero de un fútbol a veces más discreto de lo esperado.

Chicharito fue ayer una explosión desde el principio. Tenía sed. Tenía hambre del potrero. Tenía esa hambre joven de la que hablaba Menotti.

A esas alturas, con plomo en las piernas, mandó un mensaje contradictorio, como esos boxeadores, al borde del k.o, que no ven de tan hinchados que tienen los párpados pero le ruegan a su manager que no arroje la toalla: estaba cansado pero nunca dispuesto a rendirse”, se destaca en El País de España.

Estaba dispuesto a morir en el césped para demostrar su valía. Jorge Valdano, en la Cadena Ser, elogió al mexicano, por la dignidad con que encaró el partido. Jugó como si hubiese sido titular toda la temporada, dijo el excampeón del mundo en México 86.

Y es que en las buenas situaciones es fácil ser solvente. Es fácil ser solidario. Es fácil ser amigo. Es fácil el aplauso y el abrazo. En la oscuridad, es sin embargo, en donde se forjan los grandes caracteres. Ya lo había dicho de forma inmejorable Hemingway: “un hombre puede ser destruido, pero nunca derrotado”.

Y Chicharito ayer nos recordó a Iván Zamorano, a quien Valdano invitó a que dejara el Real Madrid en 1995, porque sería el quinto delantero, y el entrenador no contaba con él.

Para Zamorano esas palabras fueron como cuando sueltan el toro al ruedo, que sale a jugarse la vida en cada instante. Y el propio Valdano contó tiempo después: “a veces yo solía meterme a jugar en los entrenamientos y en una jugada Zamorano me embistió. Entonces le pregunté si era por rencor y me respondió: no, yo siempre entreno así”.

En esa temporada, Zamorano se convirtió en el goleador de la liga española con 28 tantos.

Ayer Chicharito jugó con ese espíritu. Por eso su gol fue más que un gol: fue una lección de vida. Fue un trofeo a la imbatibilidad de un alma poseída por el convencimiento y el rigor.

Nelson Mandela cuenta en su extensa autobiografía El largo camino hacia la libertad, que durante su etapa de estudiante conoció a muchos mejor que él en diferentes campos, pero que pocos llegaron a la cima, porque no compensaron sus falencias con eso que en Occidente denominan perseverancia.

Chicharito, ante el Atlético, estaba como poseído. Y juro, por los dioses griegos, que a lo largo del encuentro soñé con que un gol del delantero mexicano le diera la victoria al Madrid, y así sucedió. Y entonces celebré como si Chicharito y yo fuéramos viejos amigos.Así fue, pero el inventor de Macondo me hubiera censurado esta columna: por inverosímil.

 

 

JoséEdo-machote1

 

 LE INTERESA UN CURSO PARA MEJORAR SU ESCRITURA

*Director de EL JORNAL y Máster en Literatura.

 

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