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El origen de la Segunda República ante el 70 aniversario de la Guerra Civil en Costa Rica

José Figueres, centro, junto a Benjamín Núñez (derecha) y Guillermo Villegas Hoffmeister, con el borrador del libro "El Espíritu del 48", que es la versión del caudillo de cómo fue y qué representó la guerra.

Vladimir de la Cruz de Lemos*

(SAN JOSÉ, COSTA RICA, 24 DE MAYO, 2018-EL JORNAL).  El 12 de marzo de 1948 se produjo, en Costa Rica, un levantamiento armado contra el Gobierno de Teodoro Picado Michalski, que estaba a punto de terminar el 8 de mayo de ese año.

El detonante del levantamiento armado fue la anulación de las elecciones de febrero, por parte del Congreso de la República, desconociendo el triunfo electoral en la presidencia de Otilio Ulate Blanco, entonces líder opositor, quien se enfrentó a Rafael Ángel Calderón Guardia, expresidente de Costa Rica, 1940-1944, quien aspiraba a la reelección en un segundo mandato.

El Congreso Nacional tenía la atribución, la potestad, de conocer los resultados electorales, que le eran presentados por el entonces Tribunal Electoral y de aprobarlos o no aprobarlos, de avalarlos o rechazarlos, y de actuar de conformidad.

Costa Rica había vivido una década, 1939-1949, intensa y tensa en todos los órdenes político nacionales e internacionales.

En el plano internacional, dos momentos intensos: el desarrollo de la II Guerra Mundial, a partir de 1939 hasta 1945, y el período de la Post Guerra y de desarrollo del anticomunismo mundial.

La II Guerra Mundial repercutió gravemente en el plano interno, en tanto cerró el mercado europeo de las exportaciones de café y otros productos. Los efectos de esta crisis se hicieron sentir en 1941, año en que el Partido Comunista de Costa Rica, propuso su Plan Nacional de Emergencia para salir de la Crisis de Guerra.

El Partido Comunista surgido en 1931 y para efectos electorales participó en las elecciones desde 1934 hasta 1942 con el nombre de Bloque de Obreros y Campesinos.

El Partido Comunista era la principal organización política de oposición en esos años. Formaba parte de la III Internacional Comunista desde 1935, en cuyo VII Congreso había participado con el dirigente sindical Rodolfo Guzmán. Con raíces en la larga tradición obrera, nacionalista y antiimperialista había empezado a elegir diputados desde 1934, de manera ininterrumpida hasta 1948, como lo fue su principal dirigente y Secretario General, Manuel Mora Valverde. Había enfrentado desde su nacimiento la represión y la proscripción electoral con el nombre de Partido Comunista.

Por los efectos del VII Congreso de la Internacional Comunista intentó en 1936, de manera fallida, procurar un Frente electoral contra León Cortés, quien fue electo Presidente para el período 1936-1940, quien se había distinguido persiguiéndolos como Ministro del anterior gobierno, desde la Secretaría de Fomento, u Obras Públicas, y como Presidente durante su mandato, al punto que había presionado para anular la elección de un diputado comunista en 1938, además de que se mostraba como un filofacista y simpatizante del régimen nazi de la Alemania hitleriana.

Para las elecciones de 1939, el Gobierno de León Cortés, y su candidato presidencial Rafael Angel Calderón Guardia, quien era diputado desde 1934, habían pactado con la Iglesia Católica nacional, muy conservadora en ese momento, la derogación de las leyes liberales que venían desde 1882, y la reincorporación de la educación religiosa en las instituciones educativas públicas, lo que el Gobierno de Calderón cumple en 1942.

Para esa campaña, por ese motivo, en 1939, se intentó un Frente Nacional, que se llamó Alianza Democrática Nacional, con participación de los comunistas, masones, liberales independientes, y el sector liberal encabezado por el expresidente Ricardo Jiménez, Frente que no llegó a las elecciones, participando, electoralmente, solo  los comunistas, los calderonistas y una pequeña fuerza electoral en ese momento. Así llegó el Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia a la Presidencia durante el período 1940-1944.

La Iglesia, conservadora en ese momento, acababa de cambiar a su Arzobispo, asumiendo su dirección Monseñor Víctor Manuel Sanabria Martínez, hombre extraordinariamente inteligente, cuyo propósito era abrir de nuevo los espacios público institucionales para la Iglesia Católica.

En diciembre de 1941, con motivo de los ataques a la base militar estadounidense en Hawai, Pearl Harbor, y la solicitud del Presidente Roosevelt de solidaridad ante el ataque, el Gobierno del Dr. Calderón Guardia declaró la guerra a Italia, Alemania y Japón, entrando de esa manera Costa Rica a la II Guerra Mundial en la lucha antinazi mundial y de aliado de la Unión Soviética y las otras potencias que luchaban contra Hitler.

Desde el VII Congreso de la Internacional Comunista, y desde el Juicio contra Jorge Dimitrov, el dirigente comunista búlgaro, los comunistas a escala planetaria habían definido al facismo como el enemigo inmediato a derrotar. Durante ese período, y especialmente durante la II Guerra Mundial abandonaron las consignas y la estrategia de la lucha contra el imperialismo y de la lucha de clases.

Convocaron a la lucha Antifacista y a la Colaboración de Clases. En este sentido jugaba un papel muy importante, en estos años de la II Guerra Mundial, el partido Comunista de los Estados Unidos y su Secretario General Earl Browder. El Partido Comunista de Costa Rica estaba identificado con estos planteamientos.

La declaratoria de guerra al Eje nazifacista provocó un rompimiento con el sector dirigido por León Cortés, y el capital alemán nacional, incluso con intento de golpe de Estado contra el Gobierno, que no se realizó. Y creó las condiciones de acercamiento político entre el Gobierno de Calderón Guardia y los comunistas, durante los años 1942 y 1943, con aval de la Iglesia Católica nacional.

En 1942, con motivo del hundimiento del vapor San Pablo de la Compañía bananera, se produjo un alzamiento popular contra los establecimientos de los alemanes en la capital, con represión de parte del Gobierno contra los alemanes, con desarrollo de campos de concentración y confinamiento, y expulsión de algunos a Estados Unidos, al tiempo que hizo surgir a un personaje, José Figueres Ferrer, quien habló en su defensa y atacó duramente al Gobierno, exigiendo la dimisión del Gobernante Calderón Guardia, motivo por el cual, bajo presión de la embajada americana, fue detenido y expulsado del país, hacia México, convirtiéndolo, a partir de ese momento, y en los meses posteriores, no solo en un exiliado, sino en eventual dirigente político como llegó a convertirse después de 1946.

A inicios de la década de 1940 se había configurado un importante núcleo de sectores medios urbanos, agrupados alrededor de la revista Surco y del Centro de Estudio para los Problemas Nacionales, junto al desarrollo de los intentos de creación de los partidos Demócrata y Social Demócrata, con su periódico de igual denominación.

La alianza estratégica que se constituía entre el Gobierno, la Iglesia Católica y el Partido Comunista se materializó en junio de 1943, cuando el Partido Comunista cambió de nombre por Vanguardia Popular, como se llama desde entonces, y la Iglesia sacó un pronunciamiento diciendo que los católicos podían entrar a esta nueva organización «sin cargo de conciencia alguno».

Igualmente, cediendo los comunista un campo en la Junta Directiva de la Caja Costarricense del Seguro Social, de los dos sindicalistas o representantes de los trabajadores, que tenían, para darle campo a uno de la Iglesia, que acaba de fundar una nueva central sindical, alterna a la que los comunistas tenían, hasta entonces como única y unitaria en todo el país.

Ese mismo año, entre julio y septiembre, se aprueba la modificación de la Constitución Política para introducir el Capítulo de las Garantías Sociales y la aprobación del Código de Trabajo, que empezaron a tener vigencia a partir del 15 de septiembre de 1943, declarado Día de la Segunda Independencia.

Para las elecciones de 1944, los comunistas y el Gobierno desarrollaron una coalición electoral, llamada Bloque de la Victoria, que postuló la candidatura presidencial de Teodoro Picado Michalski, contra la de León Cortés, quien aspiraba de nuevo a la Presidencia de la República, apoyado por todos los sectores opositores al gobierno y a la alianza del gobierno con los comunistas.

El resultado electoral a favor de Teodoro Picado estuvo salpicado de cuestionamientos de fraude electoral. Por este motivo José Figueres levantó la bandera de que siendo un Gobierno ilegítimo por su origen había que tumbarlo. A este efecto, Figueres se había vinculado, en México, a un grupo de personas de distintos países de Centroamérica y del Caribe, perseguidos políticos de las dictaduras, tiranías y satrapías que entonces existían, con el fin reestablecer la democracia en estos países y desarrollar «la Gran República Socialista del Caribe», que luego constituyeron el grupo denominado La Legión Caribe. Figueres les señaló que había que tumbar al Gobierno de Picado porque era el más débil de la región desde el punto de vista militar, y que luego de la caída de Picado, llevarían desde Costa Rica la lucha para hacer caer las dictaduras en el resto de los países.

Con motivo del ascenso de Picado al Gobierno, el sector encabezado por León Cortés se propuso de nuevo organizarse con miras a las elecciones nacionales de 1948. Pero León Cortés fallece en 1946, y en su ausencia, la jefatura de la oposición la disputan entre otros: Otilio Ulate y José Figueres, que ya había regresado al país. Ulate con la tesis de esperar a las elecciones de 1948, y de que si en ellas había de nuevo fraude, entonces se procedería por medios insurreccionales contra el Gobierno. La tesis de Figueres de empezar era, inmediatamente, la preparación de la insurrección, por lo que desarrolla durante los años 1946 y 1947 un proceso desestabilizador y terrorista en el país, que obligó, especialmente a los comunistas, a actuar con igual fuerza defensiva.

Las elecciones de 1948 encontraron a finales de 1947 a los comunistas y a los calderonistas, antes aliados, desunidos. Rafael Ángel Calderón Guardia aspirando nuevamente a la Presidencia sin apoyo, y con la oposición de los comunistas. Los comunistas con candidato propio, y la oposición política con Otilio Ulate al frente.

En julio de 1947 se desarrolla la Huelga de los Brazos Caídos, organizada por la oposición. Resultado de ella, a principios de agosto, el Gobierno entrega el control del aparato electoral, el Consejo Electoral, a los opositores, quienes también querían el control de las fuerzas militares y policiales, que no se les entregó. Se vivía el ambiente de la Guerra Fría y del anticomunismo mundial. En Costa Rica eso había tenido eco inmediatamente al término de la II Guerra, cuando Otilio Ulate desde su periódico, El Diario de Costa Rica, exacerbaba el ambiente con su odio a los comunistas («no le compre, no le venda, no le hable») en consignas y agitación constante.

En diciembre de 1947, dado el ambiente tenso que se vivía, el Partido Vanguardia Popular decide retirar su candidato presidencial y darle el apoyo, forzadamente, sin pacto alguno, a la candidatura de Rafael Ángel Calderón Guardia, considerando que estaban en juego las Garantías Sociales y el Código de Trabajo. Así se fue a ese final electoral. El resultado de las elecciones presidenciales fue a favor de Otilio Ulate. De nuevo debían pasar a conocimiento y aprobación del Congreso, dominado por diputados comunistas y gobiernistas.

El Tribunal electoral, en manos de la oposición se pronuncia por Ulate, con un voto salvado de Max Koberg Bolandi, que fundamentó en mucho la decisión de anular la elección presidencial por el Congreso de la República.

Figueres, atrincherado en sus fincas al sur de la capital desde mediados de 1947, preparándose militarmente, y reclutando personas, ante la nulidad de las elecciones, se levanta en armas el 12 de marzo, avanzando y tomando la ciudad de San Isidro del El General, y dando inicio así a la llamada Guerra Civil de 1948, o Revolución de 1948, que duró hasta el19 de abril. Se peleó en todo el territorio nacional.

A mediados de abril, las fuerzas insurgentes habían ganado las mejores posiciones. Controlaban la ciudad de Cartago, a 25 kilómetros de la capital. Se esperaba que la Batalla de San José, la capital, fuera sangrienta y cruel. El Gobierno no dominaba la situación militar. De parte del Gobierno los comunistas eran su principal bastión en armas. No el Ejército Nacional. Los comunistas formaban parte del Estado Mayor y aún así, no recibían el apoyo suficiente de las fuerzas oficiales.

Se iniciaron conversaciones para buscar una salida política, no militar, negociada, para poner fin a la guerra.

Esto produjo tres pactos en esos días:

El primero, el Pacto de Ochomogo, en las montañas al frente de la ciudad de Tres Ríos entre Cartago y la Capital. Aquí, sin garantías para las vidas de nadie, se reunieron los jefes políticos y militares principales del momento: José Figueres y el sacerdote Benjamín Núñez, por parte del Ejército de Liberación Nacional, como se denominó el movimiento armado insurgente, y Manuel Mora Valverde y Carlos Luis Fallas Sibaja, en representación de los comunistas y de hecho por el Gobierno. En este momento habían amenazas reales de intervención extranjera, por parte de las tropas norteamericanas acantonadas en el Canal de Panamá y de Anastasio Somoza de intervenir en el conflicto interno. En Ochomogo, los comunistas le propusieron a Figueres luchar juntos contra estas amenazas. Figueres no aceptó y dijo que la única forma era deponiendo las armas y que ellos aseguraban la estabilidad política interna. Así se firmó el Pacto de Ochomogo.

El segundo Pacto fue el de la Embajada de México, que conoció lo firmado y resuelto en Ochomogo. Aquí con participación del Nuncio Apostólico y unos embajadores, entre ellos el de México, se rubricó el llamado Pacto de la Embajada de México, donde se dispuso entre otras cosas, la dimisión de Teodoro Picado, el nombramiento de Santos León Herrera para terminar su gobierno, quien lo entregaría el 8 de mayo.

El tercer pacto, fue el Pacto Ulate-Figueres. Con éste, Figueres se comprometió a entregarle el Gobierno y la Presidencia a Ulate, a quien se le reconocía como Presidente electo en 1948 y en cuyo reconocimiento se habían alzado en armas, una vez que ellos asumieran el Gobierno por un período de 18 meses prorrogable a 24.

Otilio Ulate no podía hacer nada, solo aceptar la promesa de que se le entregaría el Gobierno, como efectivamente sucedió, y Figueres cumplió, el 7 de noviembre del 1949.

No habían condiciones nacionales, ni políticas ni militares, ni internacionales, para sostener la guerra contra Figueres. El Gobierno y sus aliados estaban debilitados. Figueres, al momento de la firma de Ochomogo, controlaba de hecho el territorio nacional. Por ello, los comunistas aceptaron firmar, confiando en lo firmado y pactado con Figueres, que una vez en el Gobierno, denominado, Junta Fundadora de la Segunda República, 1948-1949, Figueres no cumplió en sus aspectos principales, aunque sí impulsó una serie de medidas que perfilaron la Costa Rica de la segunda mitad del siglo XX y ampliaron y fortalecieron las garantías sociales y sus institucionalidad, y sentaron las bases, a la vez, del sistema bipartidista que se impuso a partir de entonces, con la exclusión legal de los comunistas, de todo proceso electoral, lo que fue real hasta 1970.

El Pacto de Ochomogo le puso fin, a partir de su firma, a los enfrentamientos armados entre los bandos en pugna. Los otros pactos sellaron el proceso del término de la Guerra Civil, en lo político y militar. Los comunistas, cumpliendo el Pacto de Ochomogo, se desarmaron oficialmente en el acto que realizaron frente a la Confederación de Trabajadores de Costa Rica, donde hoy está el Instituto Nacional de Seguros, frente a la Plaza España, en medio de llantos de muchos de los combatientes, y tiros al aire, mientras se retiraban hacia sus casas, algunos de los cuales guardaron y escondieron sus armas.

Aquí se inició el parteaguas histórico nacional del siglo XX, la Costa Rica anterior a 1948 y la Costa Rica posterior, la de la Segunda República, que llega teóricamente hasta hoy.

 

*El autor es doctor en Historia y Catedrático de la Universidad de Costa Rica. Artículo publicado con su expresa autorización.

 

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