Compartir

(SAN JOSÉ, COSTA RICA,10 DE ENERO, 2018-EL JORNAL). “Dime con quién andas y te diré quién eres”, dice un viejo refrán que, parafraseando y situando en un contexto más amplio, equivale a insinuar que basta con tomar en cuenta el tipo de gente que rodea a una persona para hacerse una idea clara de sus principios, sus valores y sus prioridades.  

Nuestras relaciones interpersonales ocupan un eslabón clave en nuestra vida, la calidad de los vínculos emocionales que establecemos define, en gran medida, el modo en que nos comportamos tanto a nivel personal como colectivo y, por ende, incide en nuestras posibilidades de crecimiento y nuestra felicidad.

Es evidente que rodearnos de personas tóxicas o negativas es lo último que deberíamos hacer si damos la justa relevancia a nuestro desarrollo personal y nuestra salud mental, el problema es que no siempre resulta fácil reconocer que hemos caído en las arenas movedizas de una relación dañina hasta que las consecuencias han hecho un caos de nuestro equilibrio emocional. De manera que, ¿existe algún modo eficaz de distinguir entre una relación que presenta fricciones y diferencias comunes y un nexo tormentoso destinado a hacernos la vida de cuadritos? ¿Qué señales indican que hemos forjado un vínculo de amistad o romance con la persona menos indicada?

Cómo saber cuándo una relación no te conviene

Según la psicoterapeuta Amy Tatsumi, el problema con las relaciones tóxicas no son sólo las “personas tóxicas” ni la forma en que se comportan con nosotros, sino el modo en que reaccionamos a esa conducta. Cuando nuestros valores y nuestro amor propio han sido transgredidos haciéndonos sentir humillados, devaluados o abusados pero, en lugar de romper lazos, permanecemos “al pie del cañón” porque otorgamos a la relación un valor superior al de nuestro propio bienestar individual, pasamos a convertirnos en una cifra más de la ecuación, el compañero de juego de nuestro abusador.  

La autoobservación y la autoconciencia son requisitos indispensables para cortar de manera sana y definitiva lazos perjudiciales. A continuación, encontrarás una lista de señales de advertencia que indican que has establecido un vínculo socioafectivo nocivo para tu estabilidad mental.

  1. La relación te afecta emocionalmente

Esto implica que tu equilibrio emocional se ve negativamente afectado por una tendencia en la otra persona al pesimismo, el drama o la crítica destructiva.

2.La relación te hace sentir temeroso o inferior

Con el tiempo, las relaciones dañinas pueden dinamitar de tal modo el Yo que este pierde fuerza y capacidad de reacción incluso ante el maltrato psicológico evidente, por lo que el individuo termina adoptando una postura de subordinación.

3. La relación te hace sentir emocionalmente fatigado

La sensación de que la otra persona succiona deliberadamente tu energía y que cada encuentro te deja exhausto o enfurecido es una señal común de que te encuentras en el núcleo de una relación tóxica. 

4. La relación te hace sentir esclavizado

Cuando aún siendo conscientes de que el vínculo establecido resulta desfavorable somos, misteriosamente, incapaces de abandonarlo, significa que la relación ha causado en nosotros un deterioro emocional considerable que nos somete a un círculo vicioso de “consumo pseudo-afectivo”. 

5. La relación te hace sentir manipulado

Algunas personas son peligrosamente eficientes para torcer voluntades e introducir ideas en los demás para su propia conveniencia. Si has establecido una relación interpersonal con alguien que te seduce o persuade con frecuencia para hacerte tomar decisiones que no atienden a tu bienestar sino al suyo, analiza cuidadosamente las intenciones de esa persona y cuestiónate acerca de tus propios principios y valores. ¿Estás atendiendo a ellos o pasándoles por encima con tal de satisfacer las demandas de alguien más?

6. La relación te hace sentir en deuda perpetua

Si te descubres a ti mismo siendo incapaz de dar un “No” por respuesta, incluso cuando las peticiones y el modo de proceder de la otra persona atentan de forma directa contra tu autoconcepto, has perdido por completo la libertad.

Cuando a este efecto le precede o acompaña la oposición rotunda del otro individuo a respetar tu derecho de negarte a hacer algo, te encuentras en una relación que deforma tu identidad personal tentándote a renunciar a tus valores. Exigencias y demandas constantes de atención, retribución o “cancelación de deudas afectivas” también son señales de alerta. Recuerda siempre que toda relación sana se basa en el intercambio voluntario y equitativo, no en la coacción ni en el chantaje.

 

Publicado originalmente por Editorial Phrònesis

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here