La montaña no...

La montaña nos enseña ortografía

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 (SAN JOSÉ, COSTA RICA, 29 DE DICIEMBRE, 2016-EL JORNAL). “Por fabor cerrar portón”.

Me he topado con este aviso mientras caminaba por las montañas de Caragral de Acosta, un pueblito de vistas extraordinarias y cipreses en extinción, y ante la advertencia no resistí la tentación de tomar la fotografía.

En primer lugar hay un afán respetuoso del hablante, al solicitar con amabilidad que se cierre el portón.

Pudo haber escrito: “cerrar el portón” en indicativo, pero no lo hizo; no obstante, al suprimir la coma, la invocación desaparece y se convierte en una orden.

Y a la par de esa orden que no quiso dar, cae un segundo mazazo cuando leemos que ese “por fabor” está escrito en una lengua que en realidad no existe.

  Hay, además del gazapo ortográfico, una omisión (la del artículo “el”) que atenta contra la fluidez del mensaje, pero no contra su significado, por haber solo un portón en el cruce de camino en que se encuentra.

Otro elemento a destacar es que el autor del aviso tenía el espíritu de respetar el idioma y lo confirmamos cuando se apresura a tildar “portón”, que bien pudo enviarlo a la vida con otro yerro monumental y dejarlo a la intemperie en esas montañas de Dios.

Otro yerro es que aparece una “A” mayúscula en un lugar que no le corresponde, lo que tiende a distraer y atenta contra las reglas ortográficas.

Vemos cómo en lo que pareciera una simple frase, nos topamos con cuatro errores entre ortográficos y gramaticales, lo que convierte al aviso en un tema digno de estudiar en una clase universitaria o colegial. La montaña nos enseña ortografía.

El mal manejo del idioma no es exclusivo en esos lares de Acosta, sino que los errores de ortografía y gramaticales son una plaga que recorre todas las capas sociales, y se detectan a menudo entre periodistas, abogados, jueces, contadores, educadores y médicos, solo para nombrar algunos profesionales al azar.

El tema de la ortografía y el manejo del idioma sería anecdótico sino lo sufriéramos a diario, y si no fuera ya una epidemia, para cuyo combate se requieriría, al menos, una declaratora de emergencia nacional.

El aviso en medio de la montaña en Caragral de Acosta.

 

 

 

 

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