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Conciertazo de Silvio en el Saprissa

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Silvio Rodríguez durante el concierto del 12 de abril.

(SAN JOSÉ, 13 DE ABRIL, 2013). El cantautor cubano Silvio Rodríguez se ganó ayer de principio a fin el corazón de los costarricenses con su extraordinario concierto en el Estadio Ricardo Saprissa, en el que el artista y sus músicos fueron aclamados por un público que no se quería ir, lo que obligó al cantante a salir tres veces tras terminar su presentación.

El concierto, que comenzó a las 9:23 p.m., con un Silvio sereno, cuyas primeras palabras fueron: Viva Cuba, viva Costa Rica, viva Venezuela, viva Bolivia, viva Ecuador, viva Puerto Rico. Poco a poco fueron apareciendo sus piezas ya clásicas y el público lo siguió absorto en cada una de sus composiciones.

La cara más visible de la nueva trova latinoamericana, aclamado en su país y fuera de él, se mostró como un  hombre en reposo, pleno de sí y de esa manera y al ritmo de su guitarra y al compás de sus acompañantes, como la flautista Niurka González, demostró que la noche era suya y que iba a ser una gran noche.

El grupo de músicos que acompañó a Silvio fueron el maestro Rachid López (guitarrista), César Bacaró (bajo) y Maykel Elizarde (guitarra tres). Ellos conforman el trío Trovarroco. En la batería y la percusión estuvo Oliver Valdés y en la flauta y el clarinete Niurka González.

“Segunda cita” fue el tema con el que abrió la velada el autor de “Causas y azares” y desde ese momento se adueñó del escenario con la serenidad de que su voz intacta, su guitarra y sus letras-poemas iban a llegar al alma de los miles de asistentes al estadio.

Tocó tres horas maravillosas y aún así la gente no quería irse. Un 12 de abril inolvidable: Silvio no había vuelto a Costa Rica desde 1989 y ayer lo hizo para constatar que tiene un público fiel incluso entre los más jóvenes.

Del amplio repertorio, con composiciones adecuadas al grupo que lo acompañó, se escucharon “En el claro de la luna”, la esperada “Ojalá”, el “Unicornio azul”, “Te doy una canción, “Díaz y flores” y San Petersburgo, inspirada esta última luego de una conversación con Gabriel García Márquez, confesó el músico en los pocos momentos en que se dirigió al auditorio.

Para hacer un cierre pleno, Rodríguez interpretó, solo con su guitarra, “Ángel para un final”, pero antes sacó su cámara para constatar y llevarse un recuerdo de un público que lo aclamó tras 23 largos años de espera.

Un excelente grupo de músicos acompañó al trovador cubano.

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