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Mis sospechas

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Rafael Ugalde Quirós*

(SAN JOSÉ, COSTA RICA, 25 DE OCTUBRE, 2017-EL JORNAL). No veo lo que otros miran. No escucho lo que otros oyen. No camino hacia dónde otros van. Me callo mientras todos gritan ¨verdades¨ absolutas. Cada vez son más quienes pelean por bebidas azucaradas y a mí me agrada el café sin edulcorante.

A decir verdad comencé a hacerme viejo desde que estaba en la escuela José María Zeledón de Miramar de Montes de Oro. Después el Liceo José Martí nocturno  me ayudó mucho preparándome para no ir hacia dónde todos van.

Sin embargo, fue esa escuela de los Estudios Generales, las materias de Sociología, comunicación y abogacía de la Universidad de Costa Rica, las que terminaron de hacerme viejo.

Me siento anciano viendo los resultados de  las eliminatorias mundialistas de la CONCACAF. Casi simultáneamente  una coincidencia (maldita coincidencia) me apretaba el alma  futbolera: el presidente estadounidense Donald Trump ordenaba bajar cuanta bandera rusa había en su territorio.

El seleccionado a cargo de Bruce Arena  cayó 1×2 ante Trinidad y Tobago, último lugar en las eliminatorias regionales; mientras Honduras entraba a la zona de repechaje con su triunfo histórico sobre México;  Panamá ganaba 2-1 a una desganada Costa Rica, con gol fantasma incluido.

Distintas matrices informativas de conocidos medios estadounidense resucitaron la extraña mezcla de política y deporte, con el fin de boicotear los Juegos de Invierno en Sorchi.

Actualmente los esfuerzos se dirigen a sacar a los rusos de los Juegos Olímpicos de Invierno en Corea del Sur, exigiendo al Comité Olímpico Internacional que adopte disposiciones duras contra diversos deportes rusos (www.lanacion.com.ar › Deportes, Argentina).

No es la primera vez desde que en 1896 se instauran los modernos Juegos Olímpicos que el deporte choca con los intereses geopolíticos de las grandes potencias; por lo tanto, es ilusorio  e inocente pensar que el fútbol está al margen de estos vaivenes.

No digo que esta maldita coincidencia de raros resultados en los juegos finales clasificatorios de la CONCACAF háyanse programados por una mano peluda. Solamente me pregunto dónde quedaría el discurso rusofóbico del Departamento de Estado y la Seguridad Nacional  si el seleccionado USA fuera al mundial 2018.

El primer efecto intolerable es que sola la presencia del seleccionado norteamericano desafía las sanciones políticas y financieras decretadas por Washington contra Moscú.

¡Qué tirada me estoy poniendo viejo!

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