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Juegos Mundiales de Ortogafría

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 CIUDAD Y CAMPO

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José Eduardo Mora
eljornal@gmail.com

 

 

(SAN JOSÉ, 30 DE JULIO, 2013). Si a alguna organización se le ocurriera promover “Los Juegos Mundiales de la Ortografía”, encontraría en Facebook a un sinfín de competidores que son capaces de escribir amor con “h” y de cometer las mayores barbaridades que jamás se hayan visto desde los tiempos inmemoriales en que el hombre creó la escritura.

En las últimas horas se ha desatado un torbellino de comentarios por un error en las medallas de los Juegos Mundiales que tienen como sede la ciudad colombiana de Cali.

En vez de escribir “World Games” (Juegos Mundiales) la inscripción reza “Word Games” (Juego de Palabras), es decir, en lugar de “mundo” el pobre artesano que confeccionó las medallas escribió “palabra”, con lo cual de hecho cambia el sentido de la expresión.

Más allá de que muchos atletas se han tomado con humor el evidente yerro, vale la ocasión para recordar que si ese mismo rigor se aplicara al castellano que se lee a diario en Facebook, la Real Academia de la Lengua debería de decretar una alerta roja mundial inmediata, pues son tantos los errores que da miedo incluso nombrarlos.

Y el asunto no es tan superficial como muchos pueden creer, pues ya desde tiempos de Alejandro de Humboldt sabemos  aquello de que “solo hay pensamiento en el lenguaje”, lo que equivale a decir, que bien pueden medirnos por el caudal de lenguaje con que nos expresamos.

De tal manera que el desprecio del lenguaje que se observa en Facebook y en  Internet en general, son muestras inequívocas de los tiempos difíciles que corren para el pensamiento y la reflexión, dos de los mayores males que padece nuestra sociedad actual.

Así que si se mira primero la paja en el ojo propio y luego en la ajena, lo de “Word Games” y “World Games” no ha de ser más que un juego de juegos de algún humorista anónimo, quien suprimió  la “l” en el momento crucial en que el inocente artesano imprimía sobre el metal la ahora fatídica  y vergonzosa inscripción.

 

Esta columna se publica a diario en El Jornal digital.

 

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