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Cuatro años que cambiaron mi vida

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Por Melissa Sigardo

 

(SAN JOSÉ, COSTA RICA, 11 DE DICIEMBRE 2016-EL JORNAL). Mi afición por la escritura, la lectura y la historia, empezó en La Salle, pero era solo un sentimiento, porque ahí nadie me enseñaba o me ponía aprueba al escribir.  Quiero decir que ningún profesor me inspiró a explorar la escritura. Eso fue en mi séptimo año. Para octavo año me cambié al Colegio Metodista, donde conocí a la profesora Cynthia Mora, de español, y me apasioné como nunca antes por la lectura.

También agradezco a mis profesores Saúl Robles, Guillermo Fernández, Yenory Edwards y Adriana Barrantes, por haberme inspirado a estudiar para  así conseguir mis sueños.

Tengo un recuerdo inolvidable de una clase de español con Guillermo Fernández: nos puso la tarea de redactar un cuento sobre una mujer protagonista.  Fue ahí cuando me di cuenta de que me gustaba mucho escribir. Le tengo mucha gratitud el haber puesto esa tarea y además por leer en clase cuentos cortos escritos por mí.

Quiero agradecer de corazón a los profesores que me dieron clases en mis dos últimos años de colegio: Pedro Rodríguez, Juan López y Carlos Vargas.

Sonia Alpízar merece una mención especial por escucharme siempre con mis ideas sobre libros. La voy a extrañar siempre.  Ella me ve como una buena escritora y diplomática en un futuro.  Nunca dejó de creer en mí, por eso siempre va a tener un lugar en mi corazón y una dedicatoria en mi primer libro.

Estuardo Ochoa, siempre va a estar en mi corazón, porque él fue como un padre para mí. Siempre iba y lo visitaba en el recreo, aunque este año no fui tan seguido, intentaba ir, porque él me cambió mi vida espiritual y me hizo conocer diferentes visiones del mundo.

Por lo general hablábamos de cosas en apariencia triviales, pero en el fondo llevaban el sustento de una gran seriedad. Nos planteábamos cómo cambiar el mundo, o qué haría cuando fuera presidenta. Constituyó un gran apoyo.

Mis años en el Colegio Metodista fueron los mejores, sobre todo por haber llegado de un colegio donde solo me hacían “bullying” y no podía ser quien realmente soy.  El Colegio Metodista fue mi hogar durante cuatro años y me ayudó a crecer como persona.

Nunca me voy arrepentir de haberle llorado a mi mamá dos semanas antes de entrar a clases porque no quería volver a La Salle. Gracias a ello, el Colegio Metodista me abrió los brazos sin importar nada.  Me costó mucho adaptarme, sobre todo con el inglés, pero al fin de cuentas, todos estos profesores me ayudaron a crecer y a mejorar no solo en lo académico, sino también como persona, y este es un aspecto fundamental a una edad como la mía.

Gracias, muchas gracias, queridos profesores, y gracias al Colegio Metodista, por permitirme dar un paso crucial y determinante en mi vida.

 

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