(LUNES 06 DE JULIO-EL JORNAL). La FIFA entiende el juego limpio con base en sus propias reglas. Muchas de ellas, ajenas al sentido común. El perdón de la tarjeta roja a Folarin Bologun no tiene pies ni cabeza. La única explicación es que Donald Trump llamó a Gianni Infantino y este, como si fuera un niño obediente, movió todos los hilos para complacer al rey de la prepotencia y el caos.
La noticia de la eliminación de la tarjeta roja por la fuerte acción contra el jugador de Bosni Herzegovina Tarik Muharemovic me llegó por un mensaje de un reconocido entrenador nacional y pensé que era un chiste de mal gusto que iba corriendo como la pólvora, pero no, era el «fair play» en estado puro de la FIFA.
El mensaje que mandó el máximo organismo del fútbol con esta decisión es que Estados Unidos juega el Mundial 2026 con sus propias reglas.
Igual le sucedió a Argentina en su primer juego en la Copa del Mundo, cuando Messi le cometió una falta de evidente roja contra Ramy Bensabaini. El árbitro vio para otro lado. Y dicen que, en ese momento, al VAR no le llegaron imágenes y les apareció un comercial a pantalla completa.
Son las reglas de la FIFA, que se pasa todo el año pregonando el juego limpio, pero que es un juego de términos que tienen su propia significación para los señores del fútbol y para el rey Trump.
La gran vergüenza en lo que llevamos el Mundial no es la triste presentación del otrora poderoso Brasil; no, ello queda en segundo plano, sino más bien cómo la FIFA se ha desnudado ante el mundo para proteger a su aliado más poderoso.
Bélgica salió a disputar el partido contra los estadounidenses con el partido impugnado, pero el descaro de la FIFA no tiene parangón en el fútbol actual.
Es el juego limpio más sui generis de la historia. Y el más vergonzoso, claro está.
*El autor es redactor de Cultura del Semanario Universidad, Máster en Literatura y Comentarista de Fox Costa Rica. Sígame en: https://www.youtube.com/@MORITAFUTBOL
