(LUNES 16 DE JUNIO, 2025-EL JORNAL). Para cualquier tipo de texto que se escriba, desde un mensaje de WhatsApp a una tesis doctoral, hay una fase de la cual no se puede prescindir: la edición.
A menudo, sin embargo, quienes se dedican a la escritura de textos para páginas web, correos electrónicos internos, cartas y manifiestos públicos de la organización, así como materiales publicitarios, olvidan que la edición es un sello de garantía y por eso la pasan por alto.
En un amplio artículo en The New York Times, con una saludable dosis de humor, Harry Guinness, cuenta cómo edita y mejora sus textos.
De hecho, la pérdida de calidad de cientos de periódicos en el mundo, tanto impresos como digitales, obedece, en gran medida, a que se impulsaron políticas en las que se dejaron de lado los editores y los correctores de estilo.
Se ha de partir del principio de que todo texto es susceptible de editarse, independientemente de que lo hubiese escrito un genio como Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa.
La ausencia de ambos hace que, con más frecuencia de la que parece, se publiquen escritos con faltas de ortografía, claridad, coherencia y concisión, lo que afecta directamente el nivel de la comunicación escrita.
Para algunos puede ser un asunto baladí, pero la organización que tiene como bandera cuidar cada detalle de su comunicación con los diferentes públicos, siempre opta porque sus textos cuenten con la edición de un profesional en edición o en corrección de estilo, según sea el caso.
La revisión sistemática de la comunicación escrita lleva a un nivel de calidad que propicia un mejor contacto con los públicos a los que se dirige, y, por el contrario, el descuido favorece la circulación de textos oscuros y que en no pocas ocasiones generan malentendidos que pueden, incluso, acarrear costos económicos y de imagen a la empresa.
La edición y la autoedición son dos herramientas capitales para una comunicación escrita sólida, clara, contundente y sugestiva, por lo cual hay que hacer de ellas dos principios rectores en relación con los escritos que genere la organización.
Por todo lo anterior, la edición es esencial si se aspira a una comunicación escrita de calidad y a la altura de los públicos a los que se dirige.
*El autor es periodista y Máster en Literatura. Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez.
