El Jornal Costa Rica

Golazo de la FIFA

 

 

(Domingo 14 de junio, San José, Costa Rica). Si el capitalismo no existiera, la FIFA lo inventaría. Sus  miembros son unos maestros en el arte de hacer dinero. Joao Havelange, quien a partir de 1974 transformó al máximo organismo del fútbol mundial en una máquina de ingresos, es un aprendiz al lado de Gianni Infantino.

Mientras los aficionados están deslumbrados por lo que representa esta competición, cuya primera edición data de 1930 en Uruguay, Infantino y sus asesores se inventaron una manera sin par de quebrar las reglas, y sin que muchos lo advirtieran.

No fue necesario un acuerdo de la IFAB (International Football Association Board) para que la FIFA se apropiara de un espacio que vale oro. Lo que en realidad hizo el ente que maneja Infantino, fue meter un caballo de Troya en medio de todas las luces y la multitud de cámaras que ahora proliferan en todos los campos en que se disputa el Mundial.

De esa forma, fue como introdujeron las «pausas de hidratación» en el minuto 22 de todos y cada uno de los 104 juegos que se disputarán en el torneo.

Y ello va contra natura, porque se aplican haya una temperatura excesiva o no. Es decir, no responden a un principio humano de proteger al futbolista, sino que más bien sirven para crear una pausa publicitaria que vale lo que pesa en oro.

Si al fútbol le quedaba un resquicio de aquel deporte que para muchos ya no existe, excepto en su imaginación, el balompié de «toco y me voy» que Ángel Cappa invoca en La intimidad del fútbol, estas pausas de Infantino son un golpe letal y ahora lo que queda es comercio, publicidad, intercambio, mercancías.

Nada del espíritu de nobleza, de representación, de amar un escudo y de sentirse identificado con una causa, como sucede con el «St Pauli»,  en Alemania, que es el equipo de la clase obrera y reconocido como el club más progresista del orbe.

En vez de las «pausas de hidratación», que caen de maravilla al negocio publicitario, porque en lugar de dos hay cuatro tiempos para anunciar y vender, la FIFA debería hacer un estudio de cuántos son los partidos que debería disputar un jugador por temporada.

En la actualidad, hay futbolistas que suman 70 encuentros por temporada, de ahí la plaga de lesiones de todo tipo, entre ellas la del rompimiento del ligamento cruzado, que obliga a los jugadores a estar de baja al menos diez meses.

Pues bien, esto es lo último que le interesa a la FIFA de Infantino, porque mientras haya un flujo de caja interminable, como parece ser el caso de un Mundial, que vengan las «pausas de hidratación», las cuales son un magnífico pretexto para rentabilizar, todavía más, un deporte que ayer le pertenecía a los aficionados, y hoy al rey Midas-Infantino, y, por ende, a la industria insaciable y voraz, a la que no le importa cortar los partidos para que los juegos se inunden de anuncios y por ese camino la FIFA anotó su golazo.

 

 

*El autor es redactor de Cultura del Semanario Universidad, Máster en Literatura y Comentarista de Fox Costa Rica.

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