(MIÉRCOLES 05 DE MARZO, 2025-EL JORNAL). Alajuelense vive en una confortabilidad excesiva. Un excelente centro de entrenamientos. Salarios siempre al día, como corresponde, una magnífica cancha como la del Morera Soto, refuerzos nacionales y extranjeros con contrataciones que están por encima de la media en el país, pero nada de lo anterior se traduce de forma definitiva en cancha.
Hoy el rendimiento ofensivo de los manudos es pobre en relación con los recursos de que dispone. La Liga no es un equipo arrollador, ni medianamente contundente.
César Luis Menotti hablaba del hambre que ha de tener el jugador. Ese anhelo de demostrar siempre su calidad. De aprovechar cada ocasión para que público supiera cuál era su capacidad y su aporte al colectivo.
Anoche, frente a PUMAS, los rojinegros suman muchos suspensos. Los centrales, los tres, porque en la primera jugada del gol se quedaron viendo como si estuvieran jugando al play station. En la segunda anotación de los universitarios, Rogelio Funes Mori le gana con facilidad a Alexis Gamboa.
De mediocampo hacia adelante, nada de Jeison Lucumí y Toril volvió a demostrar que no es un goleador al viejo estilo de los matadores. Tuvo una comenzando el segundo tiempo y solo pasó cerca del marco defendido por Álex Padilla.
Los ingresos de Alejandro Bran, Aarón Suárez y Joel Campbell aportaron muy poco, por no decir nada.
Falta un golpe en la mesa en Alajuelense, que suba el nivel de compromiso con la causa. Esa hambre del flaco Menotti no se ve por ningún lado.
A veces tanto confort, en todos los campos, hace daño. Y ayer la Liga pagó cara su flojera defensiva y su limitada contundencia en ataque. Vuelve a Costa Rica con una serie en el alambre.
