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Maradona siempre sorprende

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ENTRE PARÉNTESIS

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Máster José Eduardo Mora Director de EL JORNAL

 

 

(SAN JOSÉ, COSTA RICA, 11 DE ABRIL, 2015-EL JORNAL). Jorge Valdano lo dijo mejor que nadie, con su claridad suprema: el día en que le quitaron un balón a Maradona, se extravió en la vida.

Y muchos años después esa frase vuelve a cobrar relevancia, ahora que el astro estuvo en Colombia para promover la paz. Sí, para promover la paz, por eso siempre he sido un admirador de Maradona, porque es un hombre que se compromete, que lucha, que habla, que se equivoca, en fin, es un hombre que sabe poco de diplomacia porque tiene un corazón que piensa por él.

Ha salido al campo del Estadio Metropolitano de Techo en Bogotá con sus libras de más, con sus años a cuestas (30 de octubre de 1960-), con sus canas y con su controversial historia de ayer, pero sobre todo ha salido con gran entusiasmo para llamar a los jóvenes de ese país a que luchen por la paz que tanto ansían.

Ese es Maradona, el hombre de la mano de Dios, que carga con esos aires martianos, bolivarianos, que es capaz de llamar a la paz hoy y media hora después increpar sin tapujos al presidente de la FIFA.

Es un “crack”, como dirían nuestros sobrinos, porque juega siempre al compromiso. Se pone la número 10, no ya para deleitar al mundo con su imaginación proverbial, sino para invocar la esperanza, la vida de un pueblo como el colombiano que carga con demasiados muertos, con demasiados odios, con demasiados desencuentros, fruto de un largo conflicto que ha tenido en vilo a ese país por más de medio siglo.

Las notas periodísticas que dan cuenta del juego llaman a Maradona exfutbolista. ¿Cómo hacerlo? Cómo arrancarle la pasión que lleva en sus entrañas. (Un médico que se pensiona hoy, mañana ya es “exmédico”. La Real Academia de la Lengua tendrá que corregir). Le han pitado un penal inexistente y el diez corrió a la macha fatídica para lanzarlo. Gol y celebración. El puño derecho en alto, como si fuera un gol de campeonato Mundial que decidiera el título. Esa alma de niño, con su complicidad, lo traicionó por un instante y el público gozó con la teatralidad de la acción.

Los mejores goles de Maradona, como se observa, quizá no sean aquellos que llevamos guardados en nuestra memoria, sino los que el astro anotará en los próximos años, si se vuelca a las causas más nobles de nuestra América, como lo hizo la noche del 10 de abril en el Estadio Metropolitano de Techo de Bogotá.

Tenía razón Valdano: A Maradona solo se le puede entender con un balón en los pies.

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Maradona con su zurda siempre prodigiosa. (Foto del Espectador)

 

 

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