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Los dilemas de la Casa Blanca

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Rafael A Ugalde Quirós*

(Jueves 25 de octubre, 2012). La fuerza de la costumbre a veces nos juega malas pasadas, sobre todo cuando con  ella ingresamos  a las gelatinosas arenas de la política. En América Latina la tradición  de ver a los Estados Unidos como el “padre” de las soluciones crea  expectativas  entre  amplios sectores de políticos, empresarios, intelectuales y hasta conglomerados de trabajadores bien intencionados. Sí Obama gana obtendremos esto, dicen, y sì  Rommey triunfa, los éxitos serán  indiscutibles, opinan. Sí y no. Ni lo uno ni lo otro.

Las elecciones en Estado Unidos  serán el martes 6 de noviembre de 2012: escogerán entre dos partidos únicamente Presidente y Vicepresidente, 33 senadores, la totalidad de la Cámara de Representantes, once gobernadores y varios legisladores estatales.  Los principales emporios de la comunicación estadounidense presentan este proceso electoral entre los partidos Demócrata (Barack Obama) y el Republicano  (Mitt Romney)  como la “madre” de todas las campañas. Ciertamente Obama tiene su visión de dar “oxigeno” y para ello echa mano de los tratados  del economista Johm Maynard Keynes (1983-1946) con la tesis de que el ahorro interno dinamizará   la economía a favor de la “clase media” y  con ello retornará el ensueño como cuando el  capitalismo controlaba todas las rutas comerciales, el comercio a gran escala, los gobiernos de todo signo, empresas, la industria militar, etc. Pero hoy la dialéctica parece otra: China está atravesada y una recuperación (lejana), de la Europa comunitaria empeoraría el asunto;  las transnacionales controlan al mismo gobierno norteamericano y los únicos límites y fronteras están dados por la maximización de  sus ganancias. Las condiciones mejores para la “clase media” no las pondría Obama.   

Romney, por su parte, ora porque la mano invisible (y divina, según los mormones) del clásico economista  David Ricardo (1772-1823) aparezca, mientras  Milton Friedman (1912-2006) empuja  el milagro económico, cuando se exime   del pago de impuesto a  banqueros ricachones y las multinacionales que aún apuestan a producir dentro del territorio de Estados Unidos. Ambos se rifan a estos muertos,  en tanto  la crisis  flanquea a millones de familias empobrecidas.

Cierto, por tanto, que estas elecciones no pueden disimular la profunda crisis del sistema que fomentaron desde el mismo momento que despojaron a México de la mitad de su territorio siglos atrás, alardearon con su riqueza para dejarse  Nueva Orleans, Alaska y  la Florida, intentaron tomar por asalto a Cuba y  Centroamérica en los mil ochocientos y convirtieron las aventuras recientes en Panamà, Granada, Irak, Afganistán, Corea, Viet Nan,  en reales academias jurídicas de cómo entender los Derechos Humanos y la llamada “comunidad internacional”.

Así, Obama, producto de esa constante migración que condujo siempre a millones hacia el “sueño americano”, y Romney, un religioso  que también evoca a los calvinistas que llegaron pobres y perseguidos de Europa  a tierras americanas, siguen creyéndose “enviados de Dios” para preservar la humanidad. Ello resulta nítido absolutamente  en la presente campaña.

AMÉRICA LATINA

La costumbre jugó hace poco una mala pasada al escritor socialdemócrata Sergio Ramírez, quien en un reciente análisis divulgado por un diario centroamericano calificó de  retórica las críticas que hacen a menudo abajo del Río Bravo a Estados Unidos. Estas críticas, a juzgar por el sesudo análisis de Ramirez, creó  una especie de callo entre los norteamericanos para ser inmunes a ellas. A lo mejor sea así. Lo cierto es que,   (no es retórica revolucionaria) quien resulte ganador de  la Casa Blanca deberá multiplicar esfuerzos para dividir, primero, a su “patio trasero”, y luego, lidiar con las secuelas de sus actos. Latinoamérica pasa por  al menos  tres opciones de desarrollo y justicia social:. México, El Salvador, Costa Rica, Panamá, Honduras, Chile, Colombia, para citar algunos, apuestan a subirse al vagón  del desarrollo controlado por el viejo maquinista  Tío Sam. Este es un buen conductor, según ellos, y por ello adecuan  diariamente su discurso jurídico a los derechos humanos, la democracia, el desarrollo, la justicia;  Nicaragua, Venezuela, Cuba, Ecuador, entre otros,  dieron vigencia a  las ideas de  próceres como Bolívar, Martí, Sandino, etc, y demuestran que el socialismo no viene en recetas. ¡Pobres marxiólogos¡ Él  obedece a condiciones especiales, pero tampoco caerá del cielo. Es algo así como la configuración del “Reino” de este mundo que debe hacerse todos los días.

Es una convivencia y una convicción al que está invitado el coloso del norte, con solo comprometerse con la paz que implica respeto y lucha diaria por  mayorías carentes de condiciones materiales y espirituales y añoran ser alguna vez personas. El  reconocimiento de nuestras diferencias como pueblos  nos hace soberanos, junto al  derecho de autodeterminarnos, en relación con nuestras riquezas, conflictos internos y soluciones dadas. Y el norte está invitado; con solo un poquito de respeto Una opción intermedia inspira curiosidad entre los “demócratas” y los inversionistas de la región,  encabezada por el brasileño Lula (ver La Nación, domingo 21/10/12).

Como   la anterior opción, existen  grados elementales de respeto mutuo y autodeterminación política y económica con los cuales la metrópoli debería comprometerse. Sin embargo, en el ideario de Obama y Romney no se visualizan estos compromisos; solo cuentan  vagones. Si sube a ellos es nuestro aliado, suelen decirnos, sino es enemigo de “la democracia”, nos legitiman un  mundo reducido entre buenos y malos, dioses y luciferes, fundamentalistas y piadosos.

Periodista, abogado y notario UCR.

Ni Barack Obama ni Mitt Romney tienen una política clara hacia América Latina
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