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La enfermedad del insulto

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DESDE LA CANCHA

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Marvin Solano*

 

(SAN JOSÉ, 31 DE OCTUBRE, 2013). El pasado domingo 27 de octubre, previos al partido entre el Cartaginés y Herediano, conversé con el señor José Manuel Rojas, más conocido como “Chinimba” durante su brillante época de futbolista. Me dijo algo profético: “En los estadios es donde la gente es como es”.

La cancha húmeda, fangosa, el calor fuerte y todo estaba listo para el inicio. Antes de que el árbitro sonara su pito recorrí con mi vista las graderías hasta detenerme muy cerca de las personas que estaban situadas detrás de nuestra banca. Había jóvenes, niños, algunos señores y señoras, y sin faltar la belleza femenina. Identificados con los colores azul y blanco, y rojo y amarillo. Parecían personas tan normales, hasta alegres se veían.

Me concentré en el partido, que fue intenso de principio a fin. Muy temprano también inicio la serenata de insultos, de todo estilo y tamaño, dirigida hacia los futbolistas, árbitros, asistentes y claro hacia mí también. Brotaban sapos y culebras, pero cargadas de veneno.

En otros sectores insultos racistas dirigidos a Waylon Francis y al final de juego, hacia José Sánchez, ofendiéndole a él y a su padre, que hacía dos años había muerto.

Durante más de un año Víctor Bolívar ha sido víctima de ofensas constantes en casi todos los estadios del país.

Esta enfermedad del insulto amparada en el anonimato, que da una multitud en las gradas de un estadio o detrás de una computadora o teléfono inteligente, pareciera ser el “Deporte” principal de algunas personas, que si uno las ve con detenimiento podría imaginárselas en las Romerías del 2 de Agosto pidiéndole a “La Negrita” o dándole un beso a un hijo. Pero que en los estadios o por un partido de futbol se transforman y sacan otra faceta que también es parte de ellos. Osea, en el estadio la gente es como es.

Por dicha la Federación de Futbol y la UNAFUT tomarán medidas para tratar de evitar esta horrible e indeseada costumbre.

En mi profesión, todos los técnicos en cada partido somos insultados. Por dicha, en mi caso no permito que eso me haga daño.

Cada uno da lo que tiene y si por dentro está lleno de sapos y culebras, le saldrán fácilmente por la boca.

*Entrenador del Herediano.

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