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Invictus, la gesta del gran Mandela

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CIUDAD Y CAMPO

New-José Edo
José Eduardo Mora

 

EL GRAN MANDELA CUMPLE HOY 95 AÑOS

 

(SAN JOSÉ, 18 DE JULIO 2013). Ahora que Nelson Mandela está a las puertas de la muerte y la minoría blanca sudafricana se pregunta si su legado se preservará, vale la pena volver a ver, aunque uno  la haya visto más de diez veces, Invictus, la película en el que Clint Eastwood recoge la historia de cómo “Madiba”, como le conocen al gran líder en su tierra natal, unió a negros y blancos mediante el rugby.

La película está basada en la magnífica crónica de John Carlin, periodista y escritor británico, que narra la forma en que  durante la Copa Mundial de Rugby, en 1995, el Presidente Mandela, contra todos los pronósticos, logró convertir el deporte del enemigo blanco, en una pasión de su pueblo negro.

Si había existido un símbolo del “apartheid” ese había sido el equipo de Los Spring Box, que, después recorrerían el país y alcanzarían el sueño de Mandela de convertir a su nación en un crisol de razas, en las que el hombre valiera por lo que llevaba en su corazón y no por el color de su piel.

El libro es estupendo y el filme, con Morgan Freeman y Matt Damon, en su papel de Mandela y Francois Pienaar, respectivamente, condensa de manera magistral, la sutileza y la inteligencia con la que Mandela doblegó a su enemigo durante sus 27 años de cárcel, condena con la que los “afrikaner” lo trataron de aislar de su liderazgo.

No lo consiguieron, porque Mandela, en una lección insuperable, se dedicó a estudiar la cultura, la historia y la psicología de sus adversarios, y su método fue tan exitoso, que los guardias de la prisión de Robben Island no se consideraban sus carceleros, sino sus guardaespaldas.

Tras largos años de negociaciones para su liberación, finalmente los blancos se convencen de que ese hombre al que condenaron a trabajos forzados y al que despojaron de su juventud, no guardaba rencor en su sangre y en su corazón, sino una gran aspiración: liberar a su tierra del racismo extremo y degradante.

Con Mandela Sudáfrica le dio a la humanidad un hombre imprescindible, un maestro de la política, del perdón y de la esperanza, y todo ello lo recoge con su acostumbrada maestría Clint Eastwood: Invictus, un filme que hay que ver y volver a ver tantas veces sea necesario.

 

 

 

 

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