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Era un partido, no un entrenamiento

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(SAN JOSÉ, COSTA RICA, 13 DE NOVIEMBRE, 2017-EL JORNAL). El entrenador de la Selección Nacional, Óscar Ramírez, cometió el grave error de confundir un partido de preparación para el Mundial de Rusia 2018 con un entrenamiento y el resultado es más que obvio: ridículo y papelón de la Tricolor.

Olvidó el técnico que el prestigio de la Selección Nacional se construye a través del tiempo y que los equipos de Italia 90, del que él formó parte, y de Brasil 2014, pusieron muy en alto a este fútbol, otrora considerado artesanal y que ayer ante España volvió a ser amateur.

Aunque el fútbol es un deporte muy complejo e intervienen infinidad de variantes, el principal responsable sobre la marcha de un equipo es el entrenador, ante todo porque tiene la potestad de elegir al once inicial. En ese aspecto el señor Ramírez se equivocó de principio a fin.

 Y también en el estilo timorato que escogió para enfrentar a una España que, con sus cuatro mediocampistas de lujo: Isco, Thiago, Silva e Iniesta, es capaz de vapulear a cualquier rival, y más si este no defiende bien y ni siquiera ataca.

Mientras los españoles, la mayoría estrellas en equipos como Real Madrid y Barcelona, jugaban como si de por medio estuviera en disputa la Copa del Mundo, Costa Rica era un concierto de errores, difíciles de ver, incluso, en canchas abiertas.

La Selección es la representación del país y como tal debe tomarse cada partido con la seriedad, el profesionalismo y la responsabilidad que exigen las circunstancias.

Ir a jugar contra España con futbolistas que salen de largas lesiones, caso de Óscar Duarte, o con otros cuyo nivel no es el mejor, como sucede con Danny Carvajal, a lo que se ha de sumar un bajo rendimiento de la mayoría de los que salieron de titular, hizo que la Tricolor se viera como un improvisado equipo de barrio.

En el fútbol de elite, los partidos amistosos ya no existen: los grandes profesionales juegan como si estuviera de por medio un título mundial, pero parece que Costa Rica eso no lo ha entendido y se presentó ante la poderosa España como si fuera un entrenamiento en el proyecto Gol.

El resultado deja muy mal parada a la Federación, al técnico, a los jugadores, y le hace un oscuro favor a un fútbol que en su ámbito interno hoy parece profesional y mañana de canchas abiertas.

 

*El autor es periodista y escritor y coautor de La Gran Hazaña.

 

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