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El liderazgo del nuevo Papa

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 ANÁLISIS

Ppa Bergoglio

 

 

José Eduardo Mora

eljornal@gmail.com

 

 (SAN JOSÉ, 24 DE JULIO, 2013). Si respondiera con la precisión de un actor a un guión cuidosamente elaborado, el nuevo Papa no lograría la perfección que ha alcanzado.

A donde ha ido Jorge Mario Bergoglio (Argentina, 17 de diciembre de 1966) , quien fue designado al trono de San Pedro el 13 de marzo de 2013, ha sorprendido a la concurrencia con su apego a lo simple y a lo sencillo, y con su abierta renuncia al lujo y a la pomposidad.

En su visita a Brasil, su primera gira internacional, se movió en un papamóvil abierto en sus flancos y no tuvo reparo para acercarse a los jóvenes y a los militantes católicos. En otras palabras, desde que le fue conferido el encargo de gobernar al mundo de los católicos, apostólicos y romanos, el Papa ha ejercido un liderazgo basado en la humildad, en contraposición con su antecesor Joseph Ratzinger y  numerosos líderes del mundo.

Ese aspecto exterior, no obstante, es una muestra de los cambios que el hombre fuerte de la Santa Sede piensa hacer a lo interno de la iglesia, donde empezó por limpiar las turbias cuentas del Banco del Vaticano y por realizar una limpieza en cuanto a sus directivos.

El camino emprendido por el Papa, sin embargo, no es nuevo y ya lo había emprendido Albino Luciani (Juan Pablo I) quien murió repentinamente a los 33 días de su pontificado, en el que tenía como objetivo realizar una gran revolución en la iglesia católica.

Esa herencia de quien se llamó Juan Pablo I, parece recogerla el Papa argentino, quien en medio de los nublados del mundo es una voz de esperanza y de renovación, no ya, como parece, para los millones de católicos, sino también para otros sectores olvidados y marginados por ese capitalismo salvaje del que hablara Juan Pablo II.

En Brasil, la sencillez del Papa, que ya empieza a percibir una fuerte oposición a lo interno del Vaticano, volvió a ganarse el cariño de la gente.

Sorprende cómo en el santuario de Nuestra Señora Aparecida, al entrar se devolvió para saludar a un trabajador que cuidaba unas cámaras de televisión: llegó, lo saludó, el hombre le puso la mano sobre el hombro como si fueran viejos amigos y después de intercambiar unas palabras, el Papa prosiguió su camino.

Los líderes deberían empezar a imitarlo, puesto que hoy predomina la petulancia y los políticos, en especial, dejan ver esos aires de superioridad a su paso.

 

NO TODO SERÁ FÁCIL

 

El ala conservadora de la iglesia ya busca que las reformas del Papa, tanto en el plano económico como en el teológico, no se realicen con la facilidad con que el propio Pontífice lo pretende.

De ahí que ante la ilusión de figuras como Leonardo Boff, quien aseguró a la prensa internacional que el nuevo Papa podría inaugurar el nuevo milenio cristiano, se erigen obstáculos enormes.

Y en medio de esa opción por una iglesia distinta, la Teología de la Liberación también muestra esperanzas de que con este nuevo gobierno papal ella pueda resurgir, tras el aplastamiento implacable a que la sometió Juan Pablo II.

La opción por los pobres y por interpretar el evangélico con base en premisas que permitieran una lectura acorde con los contextos y las circunstancias de millones de oprimidos, era una de las fuertes propuestas de la Teología de la Liberación, que a comienzos de los setentas lanzaron Gustavo Gutiérrez y varios estudiosos.

Esta postura llevó al propi Boff a tener que abandonar la iglesia que, según él, hoy vive esperanzas y a la que le esperan importantes y trascendentales renovaciones, para responder a los tiempos actuales.

El Papa, en todo caso, da muestras de que es capaz de escuchar y de levantar la voz en pro de los que menos tienen, de los miles de desempleados, de las mujeres oprimidas y ha dado muestras de que está en condiciones de arremeter contra el conservadurismo que prevalece a lo interno de la Santa Sede.

El desafío que se  ha propuesto este argentino, seguidor de San Lorenzo de Almagro, es tan grande como el puesto que le asignaron los cardenales el 13 de marzo de 2013.

Si logra parar la estampida de miles de católicos que se pasan a las iglesias evangélicas financiadas desde Estados Unidos en América Latina y si, en verdad, logra que ideales como la igualdad vuelvan a tener validez, su mandato será un refrescamiento para los cristianos católicos del orbe.

Por el momento, todo apunta a que este hombre aprovechará el inmenso poder terrenal y espiritual para marcar diferencias con su antecesor e incluso con el propio Juan Pablo II, quien era de línea dura en aspectos como el sacerdocio solo para hombre y en el celibato.

Con este nuevo Papa, pensadores como Boff creen que ambos temas pueden cambiar y que así se le abrirían, por ejemplo, las puertas a 100.000 sacerdotes que hoy tienen pareja y que por tal motivo no pueden ejercer su ministerio.

La mujer, de igual forma, marginada en el catolicismo durante 2000 años, podría encontrar en el Papa argentino una puerta para tener una participación más activa y reconocida en el seno de la iglesia católica.

Los retos, en todo caso, son enormes, y las expectativas que este hombre de vida austera genera hacen pensar que la iglesia católica tiene ante sí una oportunidad extraordinaria de renovarse y de salir a las calles, como lo ha pedido Francisco, a encontrarse con esas multitudes desoladas y angustiadas a lo largo y ancho del planeta.

 

 

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