Inicio Opinión El aplauso de...

El aplauso de Ancelotti

Compartir

 

Ciudad y Campo

New-José Edo
José Eduardo Mora

 

(SAN JOSÉ, 03 de NOVIEMBRE, 2013). El deporte, y en especial el fútbol, deja cada jornada extraordinarias imágenes, como la de ayer en la que una vez concluido el partido entre el Rayo Vallecano-Real Madrid, Carlo Ancelotti se dirigió aplaudiendo al banquillo de su rival Paco Jémez.

Una imagen maravillosa que vale por lo que fue el juego: un encuentro entre el colero y el poderoso (económicamente) Madrid, en el que una vez  más se repitió la escena entre David y Goliat, solo que con final invertido.

El Rayo, tras perder 0-3, no solo mereció la igualada sino que debió ganar ese partido por coraje, entrega, voluntad. “El fútbol es un estado psicológico” ha sentenciado Jorge Valdano, su último filósofo, y ayer quedó demostrado.

La otra imagen es de Anaitz Arbilla, lateral izquierdo del Rayo, que tras ser sustituido luego de una mala pasada en la que Bale lo dejó rezagado, rompió a llorar en el banquillo, por frustración, pero sobre todo porque quería partirse el alma en el campo en un duelo que solo se podía jugar con el corazón, como él lo estaba haciendo, al igual que el resto de sus compañeros.

Y la tercera imagen de esta breve columna de hoy es la de Marvin Solano, que celebra en silencio el tercer gol de su equipo ante el Saprissa: el gesto recoge toda el agua que pasó debajo del río en los últimos 22 días en el Herediano, en el que situaron a varios técnicos en sustitución del actual entrenador campeón.

Ahí, en el campo, y no en las conferencias de prensa, aunque en ellas comienza “la guerra psicológica”, es donde se ganan los juegos y por eso ese desahogo con los brazos en alto.

El fútbol, como ven, es más que 22 atletas detrás de un balón: en él hay pasión, drama, vida y sorpresas a granel, pero sobre todo, subyace en él una ética que lo hace sublime y así lo entienden Anceloti, Arbilla, Jémez y Solano.

 

 

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here