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¡Cómo sueño!

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PALESTRA

Rafael Ángel Ugalde

rafaelangelu@yahoo.com

 

(28 de febrero, 2012). Cómo soñé contigo, “Yolanda”, desde aquel día que te conocí en el malecón habanero. Estaba soleado y corría la brisa rauda con  olor a salitre, tabaco y aceite quemado de barco.  Sabía que te oiría, que volverías por  algún lugar del mundo. Y retornaste más sensual que nunca  un  veraniego domingo por  La Sabana.

“Tata” Pablo desde mil novecientos setenta  es el mismo: “colochudo” de grandes lentes y enorme mulato con un niño dentro que hace llorar de acordes y esperanza la guitarra con ese lenguaje universal del que todos algo decimos.

Fue un sueño inolvidable para quienes no cabemos en el Teatro Nacional; esa joya maravillosa de la  bella arquitectura francesa con que nos heredaron los cafetaleros de antaño. ¡Gracias filantrópicos productores por dejarme a diario boquiabierto!Algún  día cabremos  todos en un concierto gratuito.

El lava carro cantando con euforia al ritmo del pentagrama, la “doméstica” aplaudiendo hasta el frenesí y el niño de la calle pidiendo autógrafos a su Dios.

Y como aún no cobran por soñar, sigo soñando. Vendrá pronto Luis Miguel, “el sol de México”, el hijo de aquel español llamado Luisito Rey que tantas copas de vino se rió  con nosotros  Tal vez “Luismi”  nos cantará “La media vuelta”, o a lo mejor  le daremos nosotros “la media vuelta”. Dependerá de sí hay concierto gratis en La Sabana.

O vendrá, a lo mejor,  Paloma San Basileo, o Gilberto Santarrosa, ese bárbaro de la salsa. ¿Y porqué no soñar  con    Juan Luis Guerra y su 4:40, sí no pago canon por ello? ¡Ay Juan Luis! ¿Cómo rescataste  de la alcantarilla la  “bachata” que, según los entendidos en cultura, nada aportaba  ella.

Vos  quizá no recordás, papá de Yolanda, lo que me dijiste alguna vez cuando la cosa estaba “fututa”  en tu país y los promotores te ofrecieron la gran opción  de la emigración, con derecho a cámaras incluido cuando llegara en avión de primera: “me debo al pueblo”.

O como lo planteaste en tu  verso: “Si me faltaras, no voy a morirme; si he de morir, quiero que sea contigo. Mi soledad se siente acompañada, por eso a veces sé que necesito tu mano, tu mano, eternamente, tu mano…”.

Soñaré como aquella tarde dominguera en el Parque Metropolitano. Con la vendedora de periódicos de la rotonda cantando trova, quien pinta techos en el barrio “haciéndole” bonito a “Mírame bien” y a los que creen en un mundo mejor extasiados por el futuro.

Y soñaré hasta el último suspiro de mi vida con recitales gratuitos para quienes algunos creen carecemos de “oído musical” o “bajo intelecto cultural”. Máxime ahora que acabarán las devoluciones de dinero por conciertos  de famosos que  son y no fueron. Por que en serio digo que, “sí alguna vez me siento derrotado, renuncio a ver el sol  cada mañana”.

 

Periodista, abogado y notario UCR

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